jueves, 22 de julio de 2010

Final (4)


La mujer que no se baña nunca está sentada en el piso, contando las baldosas. Luego acomoda la caja de cartón lentamente, el tiempo no tiene textura para ella. Vuelve a mirar el suelo y su vista que no ha perdido ni un grado de perfección se clava en el televisor de enfrente. Para ello debió atravesar un límpido vidrio de una confitería y no distraerse con los alimentos de las mesas. Lee, porque aprendió y nunca se olvidó, que juegan Holanda contra España. Es el primer partido que decide mirar. Rápido se aburre y vuelve a las baldosas. Percibe que dentro de poco empezará a hacer frío de verdad y va a tener que recurrir a Jorge que no suelta la botella pero tiene colchón y no le corre viento. Siente que esos jugadores llenos de colores no están sintiendo frío. No se decide qué es más insensato: mirar el piso o perseguir una pelota. Ahí viene una hormiga. Carga una miga de pan. Se choca con otra. Tambalea pero esquiva la unión entre baldosas. Tiene un andar parecido al de Jorge. Otra hormiga quiere hablarle o ayudarla. No se entiende. Sigue su camino lo más recto que puede y se aleja un poco hasta llegar a un agujero diminuto. Lo sortea y continúa su andar dudoso.En el televisor otra vez los hombres corren. No pasa nada. Alguien arrojó un papel muy cerca suyo. Ve un par de piernas que no distingue si son de hombre o mujer. Más no puede ver entonces vuelve al papel, lo levanta para ver qué dice y se sorprende: “Edicto cósmico- espiritual. Omisión. Falta y castigo. Convocatoria al pueblo argentino. Movimiento nacional. ¡El reino de Dios se ha acercado a nosotros! ¡Conviértanse todos! El pueblo al poder para reino y gobierno del Altísimo. Comprueba el poder divino que te acompaña a partir de Hoy. El ejército celestial vigila y te protege. Deja de hacer lo que estás haciendo y difunde esta Noticia Divina a todos y de todas las formas. Fotocopia y coloca este Edicto cósmico espiritual y protector a la vista pública y aléjate de quien no quiera hacerlo. Los rebeldes perderán aún aquello que creían tener. Oración Liberadora y protectora: (orar tres veces por día en todo templo y lugar)…Libera Dios a los ricos de su riqueza y a los poderosos de su poder. A los pobres de su pobreza y a los enfermos de su enfermedad y reina y gobierna sobre todo el universo Su justa y amorosa voluntad y Dios vio que esto es Bueno…Este es un mensaje del Dios del Amor, difundido por su único mensajero y Co-mandante del ejército Celestial: Miguel de Buenos Aires, año 15. El Poder Ejecutivo Nacional. Religiosos y medios de comunicación fueron informados reiteradamente. Deben transmitir por tres días y tres noches este mensaje antes de Navidad. ¡Liberación! ¡Avísales nuevamente hoy y todos los días hasta el triunfo final! Envía tus datos a: argentinaluzdelmundo@hotmail.com.
Alza la vista y cree haber encontrado algo. No sabe qué pero una llama se enciende. Mira las mesas. Nadie ve el partido. No le importa a nadie. Una señora patea a la hormiga. “Libera Dios a los ricos…” Ve las mesas, hay platos de comida sin comer. Gente que habla sin escuchar. Mientras piensa en las caras su cuerpo se levanta, su pie esquiva el camino de hormigas, sus ropas se acomodan a la nueva posición y dejan entrever un solo zapato. Por suerte no pasa ningún auto mientras cruza la calle. “…a los poderosos de su poder…” Un cascote en el piso. Lo recoge y le da fuerte al vidrio. Se escuchan gritos. Todo cae, ve sangre de alguien pero no sabe de quién. El plato de comida es tapado por su mano. Su vista está clavada en la pantalla elevada. Agarra los tallarines con los dedos grises, se los mete en la boca y mientras traga, escupe tallarines gritando “… a los pobres de su pobreza…España ganó, España ganó, España ganó”

Final (3)


Domingo, caminando por la Gran Vía, hora del partido, nadie en la calle, silencio sepulcral, intento ir a un bar a tomar un café y leer, para mí el mundial se terminó la semana pasada, pero la vida sigue.
Entro al Zahara, me ubico cerca de la ventana, giro la cabeza y veo una pantalla gigante, mi mente anuló todo pensamiento, solo me limitó a esperar a que el camarero mozo o lo que sea se digne a venir.
Le pido un café con una napolitana de chocolate, no hay mucha gente, solo son turistas, me imaginé que nadie estaría en la calle, casi el único bar abierto.
Comenzó el partido todo el personal desapareció detrás del mostrador, atentos al partido, intento leer pero me es difícil, el relator del partido está muy exaltado, grita mucho, dejo de leer.
De tanto revolver creo que el café quedo mareado, pienso en cómo puede ser que me sienta asi, es solo un partido de futbol, la vida pasa por otro lado, estoy de vacaciones, disfrutando de un paisaje único y me siento triste por un partido de futbol, mis pensamientos se vieron interrumpidos, pues mi pasión es el futbol y me gusta verlo, no puedo estar ajeno a lo que sucede, me pongo a ver el partido.
Me contagia la tensión del relator, me contagia la desesperación del poco personal del bar, el partido está empatado y ya se viene el alargue, me entro a desesperar yo también. Voy a pedir otro café, aunque no veo al mozo, camarero o lo que sea.
Que envidia me da, envidia de la sana, mirar la final, esperar por festejar y ganar la copa, que lejos estoy de eso, vuelvo a perderme en mis pensamientos, levanto la vista sigo con el partido, gol de Iniesta, siento el cuerpo congelado, veo todo en cámara lenta, no oigo, solo veo la gente detrás de mostrador saltando, llorando, miro la pantalla veo a los jugadores abrazados, el llanto de Casillas como el del personal del bar, los turistas se ríen y abrazan, me miran, los miro.
Vuelvo a recuperar el control de mi cuerpo y me siento aturdido, terminó el partido, todo el mundo sale a la calle, viene el mozo y me está diciendo que pague porque hay festejo en la Cibeles.
Salgo por la Gran Vía camino junto al resto, me lleva el mar de gente, me lleva el mar rojo, rojo por las camisetas, por las banderas, bocinas, gritos, todo es felicidad, gente llorando.
Estoy en Cibeles, me rodea la gente, me encuentro en medio del festejo, un festejo que no es mío, un festejo que no me llega, me doy vuelta, una viejita me está mirando sus ojos están llenos de lágrimas, me está abrazando y no me conoce, me separo doy media vuelta y sigo caminando sin dejar de ver su rostro, me están empujando, veo a un hombre más joven que la vieja, más grande que yo, también está llorando.
Una nena me está preguntando si no soy español, le digo que no que soy argentino, me dice que con razón no estoy llorando, le digo que no es mi fiesta, se va con sus papas.
Me alejo de la multitud, me apoyo en la baranda que hay en la calle, miro la fiesta, gritos, bocinas, me estoy empezando a relajar. Giro la cabeza y un tipo me está hablando, lo escucho atentamente y me está contando lo feliz que esta porque su España salió campeón, me cuenta que no quería morirse sin ver a España campeón y me emociono, empiezo a entenderlo y lo abrazo, me regala una lata de cerveza para que festeje.
Levanto la lata en son de brindis y grito con todas mis fuerzas FELICIDADES CAMPEON mientras mis dedos están cruzados detrás de mi espalda.

Final (2)

¿Todos posicionados? Sí. ¿Locaciones aseguradas? Sí ¿Los transportes jaula preparados para recibir a los criminales? Sí. Entonces: listos, concentración máxima, la operación “Desmalezamiento” comenzará en treinta segundos. Recuerden, si los sujetos se ponen muy violentos ante las órdenes, utilicen la fuerza de sus brazos, sólo si ésta es insuficiente recurran a los bastones, al gas enceguecedor y la pistola eléctrica de bajo voltaje, en ese orden. En caso de que tampoco funcione desenfunden y utilicen sus armas semi-automáticas, disparando primeramente a los músculos, luego a las articulaciones y, en caso extremo, en la sien, en ese orden, ¿está claro, verdad? ¡Sí! Los quince miembros de la Guardia Del Deber Comunitario (GDDC, los “guddeco”, como se los conocía) abrieron sus ojos al máximo y sentían como la adrenalina les fluía por todo el cuerpo. Guiados por Miguel Vacuniin, sus catorce fieles laderos esperaban ansiosos el “¡Adelante!” con el que comenzaría la última etapa de una investigación que inició Pedro Prudón, ya retirado al alcanzar la edad jubilatoria de 53 años, con 28 de servicio. El anterior líder guddeco había conocido a través de un foro en internet la existencia del grupo de individuos que ahora estaban a punto de apresar. Se interiorizó de sus afiliaciones políticas, de las redes de financiamiento, de los libros que leían y pidió permiso a un juez para seguir sus pasos más privados (supervisión de llamadas, instalación de mini-cámaras y micrófonos en los lugares de reunión habituales, gastos con las tarjetas crediticias e infiltración de agentes encubiertos) ante la firme sospecha de que infringían la ley 30.000, aprobada hacía ahora medio siglo. La labor de Prudón fue impecable y con ello cerró una foja de servicios sin tacha. Vacuniin, quien participó desde cero en el proceso de recolección de pruebas, sentía una responsabilidad gigantesca por llevar a buen puerto el trabajo de su predecesor. Si alguno de los quince agentes aún tenía dudas de lo correcto de su proceder –pero ninguno las poseía–, se disiparon apenas tomaron posición de sus lugares. Luego de que el conductor del transporte jaula utilizado para llegar al sitio y después llevarse a los criminales diera arranque a los micrófonos de escucha supra-pared y a los anteojos de visión nocturna, y tras haber solicitado el corte de energía eléctrica del edificio marcado a la compañía proveedora del servicio, los guddecos pudieron ver y escuchar como los malvivientes cantaban contra de la ley 30.000 “Porque los putos son subnormales / porque a los Down hay que matarles, antes de nacer / porque los hebreos son el diablo, y los gitanos el descarte del Edén / ¡Sea racista, sea humanista! / Diferencie la basura de lo bien / ¡Sea racista, sea humanista! / Porque Dios es amor, patria y familia / porque la Iglesia es nuestra paz / ¡Sea racista, sea humanista! ¡Séalo ya! / ¡Porque los putos subnormales! / ¡Sea racista, sea humanista! ¡Séalo ya!”. Indignados ante las muestras de intolerancia, todavía existentes en el año 2060, algo insólito para ellos, y en confrontación con la ley 30.000, los guddecos debieron padecer las proclamas y vítores ante los festejos del grupo en cuestión por el aniversario número 50 que festejaban. Con vestimentas rojas se estrechaban las manos, bebían cava, comían jamón y se gritaban “jo’er”. Miguel Vacuniin dio la orden, la luz se esfumó y los guddecos, con sus movimientos precisos, ingresaron al grito de “¡Alto! En nombre de la ley quedan todos ustedes detenidos. Tienen derechos y serán respetados, pero debemos llevarlos ante la Justicia. Tengan a bien colaborar o estamos autorizados a emplear cuantos medios estén a nuestro alcance”. No cedieron fácilmente. Se resistieron y recibieron bastonazos o sus rostros fueron gaseados; uno padeció las bajas descargas eléctricas, pero ninguna bala. Eso alivió a los guddeco. Cuando los 16 fueron ubicados en el transporte jaula Vacuniin se sintió satisfecho, pero no podía borrar de su mente el enorme cartel que debió descolgar y llevar como prueba para el juez. Ese que rezaba: “50 años del último Mundial de Fútbol ganado por un equipo sin negros ¡Viva!”.

Final (1)


Mi vaso estaba medio vacío y la casa también.
El silencio me aturdía y yo quería que se callase.
Mis intentos eran en vano, él no me escuchaba.
Daba vueltas a mi alrededor, me perseguía, me invadía.
Estaba jugando con la paciencia y encima ahora ocupaba mi silla.
Luego se metió en mi vaso medio vacío, bebió un sorbo de mi agua, bebió dos, bebió tres, lo vació.
La paciencia se agotó y salió disparada. Me quedé solo con la rabia.
Grité: “Qué hiciste? Salí ya de mi vaso y andate de mi casa!”.
Terminé de pronunciar la última palabra y llegó el dolor. Lo sentí en mi garganta, su presencia marcaba la intensidad de mi descarga.
Me arrepentí, me replanteé si no habría sido demasiado descortés.
Después de todo, siempre hay que llevarse bien con el silencio.
Me tranquilicé y me disculpé, lo invité a que se quedara.
Él no tenía la culpa de mi melancolía.
Hoy se cumplía una semana de aquel día en que el ruido me abandonó y yo no dejaba de extrañarlo.
Durante el último mes me visitaba con frecuencia, yo lo invitaba con unos mates y compartíamos unas facturas.
Nunca estábamos solos.
Nos juntábamos las bolas de fraile, el mate, el ruido, mis amigos y yo.
La asistencia era perfecta, no había forma de que alguno se ausentara.
Estaba todo perfectamente planeado y era nuestra cábala para cada partido.
Mis amigos y el ruido llegaban juntos, y yo los esperaba junto a bolas de fraile y el mate en el living de mi casa.
A primera hora la glotonería y yo salíamos hacia la panadería, así nos asegurábamos las más ricas.
Siempre elegíamos con el mismo criterio, debían rebalsar de dulce de leche y vestir una gran capa de azúcar impalpable.
Una vez todos reunidos, disfrutábamos de las victorias del equipo argentino.
Al final de cada partido llegaba –su- momento, el ruido se hacía escuchar y nos llenaba de felicidad.
Su festejo completaba cada victoria formando una ecuación perfecta.
Y hoy se cumplía una semana de aquella derrota ante Alemania. Una semana de aquel día en que la tristeza secuestró al ruido. Nunca más lo volvimos a ver.
Mis amigos tampoco volvieron, dijimos que ya no nos juntaríamos porque no quedaban motivos para festejar.
Hoy encendí la tele para ver la final. A solas con la soledad apareció la sed e inmediatamente se sumó mi vaso que llegó medio vacío.
Fue en ese instante, mientras España y Holanda corrían por el primero tiempo que el silencio ocupó mi silla, se metió en mi vaso y se tomó en tres sorbos todo lo que quedaba en él.
Primero me enojé, después me disculpé, más tarde comprendí.
La desaparición del ruido, la llegada del silencio y el vacío de mi vaso se relacionaban entre sí provocando la melancolía.
La melancolía me explicaba que el mundial ya había finalizado siete días atrás y que ese partido a mí ya no me incumbía.
Miré a mi alrededor, solo quedaba el silencio. Fue entonces que apagué la tele y lo invité a pasar a la cocina para tomarnos unos mates con algunos restos de bolas de fraile.

jueves, 15 de julio de 2010

semifinal (5)


Dedicado a mi gran amiga del alma, oriunda de esas tierras…

Por su humildad infiníta, hermanos orientales
Mi homenaje
Mi alegría
Mis honores

Para Levantar el sol y agitar tu bandera
Cansados pero enteros, el milagro en la galera
Con championes puestos, en la cancha heroicos
Las manos del sacrificio, Sanchez y el loco.

Pelos rubios desafiando el arco, una camiseta celeste llena de pasión.
Esa hinchada unida entonando tu canción
El sueño de la copa instalado en tu mente
Sean los orientales tan ilustrados como valientes

La emoción de haber viajado alguna vez por tus puertos
Con un mate bajo el brazo
Las barbas de los 70’s y el fiat 600
Los chivitos y lomitos, y la pizza con fainá.
Colonias, paellas, Dr. Servy, mozzarella.
Qué haces vo! Chiquilina cómo andá?!

El cuarteto de nos, la Oreiro, Berugo y hendler
La calle Yacaré, los murguistas, su futuro
Tambores sonando por tus calles por tu rambla
te atreviste a soñar, Alcoyana, Alcoyana

Amiga charrúa, hermana, chinita

Llena de emoción les escribo, te escribo
Porque tu paso por el mundial me trajo mas alegría que el paso de los míos
Gracias a la hinchada, a su aliento, al travesaño, al maestro, al equipo
¡Quién hubiera dicho, quién hubiera dicho!

Esta vez no fue, pero será la que viene
El tercero o el cuarto, ya no importa, soy celeste
Porque después de tanta lucha
Después de tantos dramas
Después de tanto nervio y tantas ganas
Para mi, mis queridos uruguayos
Se mire por donde se miré
Del derecho o del revés
Ustedés mis hermanos son tan campeones
Como la primera vez.…

semifinal (4)


Masticando bronca iba Roberto por la calle Reconquista, tenía que ir al dentista justo en ese horario, justo en el horario en que el partido de semifinales estaba por comenzar.
Roberto nació en Rocha un departamento de la Republica Oriental del Uruguay hace muchos años, no tantos como para ver a su celeste campeón.
Dobló por Corrientes y paró un taxi, le indicó el camino y le preguntó si podía poner la radio para escuchar la previa, el taxista accedió, comiéndose las uñas llegó a destino, pagó y bajó.
Caminó rápido hasta el dentista, se anunció y se sentó en la sala de espera, miró su reloj y el partido estaba por empezar, su Uruguay querido estaba por disputar la semifinal y el no podía verlo. Se levantó como un resorte y con su sonrisa número 45 le hizo caras a la recepcionista para que saque el programa del japonés que hace sushi en el canal Gourmet y ponga Telefe para ver a Uruguay, la recepcionista hipnotizada cambió de canal y se escuchó el comentario de Niembro sobre la cantidad de películas filmadas en Africa en el periodo estival de las morsas lesothanas.
Se sentó a mirar el partido, los nervios lo carcomían, se fueron acercando más pacientes mientras esperaban a ser llamados y al rato se escuchó por el parlante “Schiavone, consultorio 4” justo en un tiro libre para Uruguay. Se quedó mirando hasta que lo clavó en la tribuna, cabizbajo fue hasta el consultorio 4 y entró.
El dentista le indicó que se sentara y cuando levantó la vista vio encendido el televisor en el partido, se acomodó y esperó a que lo atendiera. Abrió la boca sin dejar de relojear el televisor, torno va, pinza viene, algodón, enjuague, que no cierre la boca, en eso vino el gol de Holanda.
Siguió con la boca abierta mientras el dentista buscaba sus elementos, le colocó un gancho que no le permitió cerrar la boca, el tipo se le paró delante del televisor cuando Forlán clavó un golazo. Se levantó en un instante, tiró la bandeja y se incrustó el gancho de la boca en el paladar pero nadie le sacó la alegría que tuvo al gritar el gol del empate.
El tipo tuvo que ordenar todo lo que tiró Roberto emocionado, tenía el segundo tiempo para soñar.
Comenzó el segundo tiempo y Roberto siguió con la boca abierta, en medio del tratamiento el dentista le aplicó una anestesia, mientras esperó a que hiciera efecto, vino el segundo gol de Holanda. La cara de dolor, y no por el pinchazo era increíble. Todavía no se repuso del gol que vino el tercero, ya resignado con lágrimas en los ojos se encomendó a la garra charrúa.
Cuando el dentista terminó, el partido aún no había terminado se fue apurado hasta la recepción para ver los últimos minutos, seguía con dolor en la boca pero gritó el segundo gol uruguayo abrazándose con la secretaria, alentó gritando mientras los demás pacientes se rieron por el espectáculo de Roberto, estuvieron a minutos de la hazaña, pero el árbitro Irmatov dio por finalizado el encuentro, su Uruguay amado quedó en semifinales, otros cuatro años para soñar con un mundial.
Salió del consultorio llorando, se tomó un taxi y llegó a su departamento, se encontró con el encargado del edificio que lo felicitó y se le infló el pecho. Y cuando entró al edificio y dejó atrás al portero le dijo en voz baja “Para vos argento, tomá”.

semifinal (3)


Busco terapeuta. Necesito terapia. Que alguien me escuche por favor.
Ya falta poco para que termine el Mundial, tan solo cuatro días.
A mí me quedaba solo un partido cuando quedé afuera de la Copa.
Te crees que fue fácil?
Llegué a la cima, casi juego la final del mundo y hoy volví al anonimato..
Claro que no es fácil, es más bien cruel.
Hay que soportar la fuga de la fama, el cese del estrellato, la ausencia del éxito, la huída de la gloria. Es durísimo. Estoy físicamente reventado, eso ya es de público conocimiento, pero también estoy psíquicamente muy herido.
Aún no sé porque acepté esta convocatoria. Debí haber imaginado este final.
Yo siempre fui muy temperamental. Entonces, por qué dije que si?
No hay duda, soy una víctima de la maldita exitoína.
Las ilusiones de fama, gloria y reconocimiento pudieron contra la razón.
Mi destino estaba escrito: apenas los campeones alzaran la copa yo pasaría a mejor vida.
No me importó y quise estar aunque luego fuera desechado y olvidado.
Pero el final se apresuró y me tomó por sorpresa. Que ingratitud.
Volví al anonimato en cuartos de final.
El mío es un trabajo sacrificado.
Durante 90 minutos el mundo entero posa sus ojos sobre mí: medios, cámaras, periodistas y fanáticos.
Durante los 90 minutos los 22 jugadores solo piensan en poseerme.
Qué decís? Hay que soportar tremenda presión, no?
Me eligieron por considerar que mi redondez era exacta y que mi circunferencia, diámetro y peso eran perfectos.
Apenas llegué a Sudáfrica me sometieron a un extreme make-over, un cambio de cara.
En serio, hasta tuve mi propio evento de presentación!
Tuve poco tiempo para asimilar todo lo que me pasó. Con las buenas llegaron las malas y no estuve exento de críticas.
Yo que me banqué tantos golpes, que volé tan alto, que caí tan fuerte, sobreviví a todo.
Sin embargo, no superé las críticas.
Soy el balón más criticado de la historia y en pleno debate con mis detractores exploté.
Me salí de mi centro, perdí mi coherencia y tuve un pico de presión.
Para un balón, un pico de presión puede ser fatal. Yo quedé postrado, pinchado por el resto de mi vida.
El debate fue duro, luego del partido con Alemania la selección Argentina no tuvo autocrítica y me increparon a mí.
El DT Argentino dijo: “esta pelota es imposible, no dobla”.
Yo respondí: “Pelota será tu hermana, tu mujer y tu madre, yo soy un balón”.
El arquero Argentino afirmó: “ …nos trajo muchas complicaciones a los arqueros y a la defensa, es difícil de atrapar”.
Yo respondí: “Es evidente que estoy en boca de todos pero en manos de pocos Sr. Romero. Yo seré de caucho pero usted es de madera”.
Messí: “ Yo hubiera preferido la del Barça…con esta es imposible meterla”.
A esta altura mi presión estaba por las nubes. Le iba a responder, aún sabiendo que mis palabras podrían dejarme fuera del torneo por calumniantes.
No hubo tiempo, exploté frente a todos ellos.
Nadie se acercó, nadie se preocupó.
Ellos volvieron a sus mansiones, yo al anonimato.
Hoy estoy pinchado y busco terapia, necesito un terapeuta por favor.