jueves, 15 de julio de 2010

Argentina - Alemania (5)


Mi nombre es Rogelio. Vengo de una familia descendiente de alemánes, españoles y argentinos. Vivímos en territorio alemán. Como me estoy hacienda viejo decidí investigar la verdadera historia de mi familia, trágica y heroica a la vez.
Lo poco que sé lo sé gracias a las increíbles historias de mi abuelo Gregorio. Más de una vez pensamos que estaba loco, pero viendo el desarrollo de la humanidad, puede que haya tenido razón..
Se cuenta que mi abuelo vivía en costa Española, cerca de Málaga. Un día vio como un grupo de refugiados llegaba nadando por las heladas aguas del océano Atlántico. Venían de Argentina, un pais lejano, conocido por sus mujeres hermosas y su pasión por el fútbol. Fue esa pasión por el fútbol de los argentinos que hizo que miles de integrantes de nuestra especie haya tenido que emigrar por esos años a otras playas. Un día estaba mi abuelo Gregorio hacienda la plancha, cuando escucho una voces a lo lejos gritando desesperadas, buscando un lugar donde descansar. Habían nadado kilómetros y kilómetros, las aguas agitadas del océano habían dejado atrás a más de la mitad del grupo. Gregorio, después de desperezarse un poco y pensar en el poco lugar que le quedaría a el para sus paseos matinales, salió al encuentro. Ellos no dijeron palabra, estaban atemorizados, algo terrible le había pasado a sus familias y amigos.
De a poco los nuevos visitantes se fueron acomodando. Se fue armando una comunidad nueva, Argentina, y mi abuelo los ayudaba. Cuenta la historia que un día, después de una comilona comunitaria de mejillones, apareció como de la nada una hembra, hermosa ella, con sus extremidades alargadas, ágiles. Tan frágil parecía, nadie sabía de donde había salido. Mi abuelo, atraido por la belleza de semejante criatura, tomó valor y le empezó a hablar. Hacía meses que ella estaba escondida en la cueva, tratando de olvidar los momentos horribles que había pasado. Ella vivía cerca del puerto. Cuidaba de sus hermanos y de vez en cuando daba clases de natación a recién nacidos. La vida era tranquila en esas aguas hasta que un día, sin saber porqué, llegaron los rumores. Toda la comunidad estaba siendo aniquilada. Se entendía poco, se hablaba de salsas portuguesas y provenzales, todos pensaban que vendría un barco y se los llevaría a Portugal o a Italia, ellos preferían Alemania. Poco era lo que se sabía, más que nada porque por esos días los pescadores estaban ocupados mirando el mundial. Fue muy rápido todo, la mitad de las familias habían desaparecido sin más, la otra había empezado a nadar hacia algún destino fuera de las salvajes aguas argentinas. La meta era escaper de las redes de aquellos viles fanáticos que sólo pensaban en comer vivos a toda nuestra especie. Rosita agarró a sus hermanos y empezo a nadar en dirección contraria a las luces del puerto. Tres de sus hermanos murieron en el camino, su madre y su padre fueron atrapados antes de partir. Las terribles imágenes de sus hermanos ahogados y sus padres asesinados no la dejaron dormir hasta el día de su muerte.
Finalmente el abuelo y la abuela se enamoraron y decidieron dejar el pasado atrás y cumplir el sueño familiar. Se instalaron en Alemania. Tuvieron dos hijos. La tía y papá. Se cuenta que en casamiento de mamá y papá explotó todo. Las vueltas del destino, que le dicen, y nada major que un evento familiar para sacar a relucir la mugre familiar. El lío que se armó cuando llegó el viejo tío Paul. Sí, sí, el tío Paul de mamá ese que resultó ser el responsable de la repentina popularidad de la familia, de que el abuelo y la abuela se hayan conocido y del asesinato de mis bis abuelos. Y, aunque no sé aún porque, de que se nos prohibiera terminantemente volver a comer mejillones en cajas transparentes, traídas por locos extraños.

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