viernes, 25 de junio de 2010

Argentina - Grecia (6)


El periodista se acercó al transpirado jugador que no utilizaba desodorante con el marcado propósito de desalentar el acercamiento de los rivales. Mareado ante el aroma expelido por el corpulento defensor, le acercó el grabador digital para tomar sus declaraciones, las cuales luego serían reproducidas en la emisora radial para la que trabajaba. El deportista profesional aguardaba su pregunta con la misma tensión con la que anteriormente se concentraba frente a los embates de los delanteros del equipo argentino que recién lo había vencido por dos tantos a ninguno.
Profesional de la palabra chipriota: Un cotejo difícil en el que corrieron mucho pero no alcanzó para mantener el empate con el que comenzaron estos 90 minutos.
Helénico futbolista de elite: ¿Cuál es la pregunta? Si no formulás una, no puedo responder. Preguntame.
“Preferiría no hacerlo”, respondió. La mano no temblaba, pero en el grabador sí se notaba un ligero movimiento oscilante. Sus ojos, petrificados, no miraban, aunque apuntaban a su rala cabellera morocha. Por todos los medios intentaba respirar por la boca, mas su asma le dificultaba la labor y tampoco resultaba una defensa efectiva contra el hedor de ese mastodonte putrefacto.
Griego: Ah, Bartleby. ¿Con que esas tenemos, eh?
Chipriota: Yo no me jacto de las páginas que escribí, sino de las que leí –replicó.
Griego: Borges. Y sos periodista radial, no escribís nada. Preferiría estar leyendo la saga íntegra de Millenium antes que continuar con esta pantomima –las dos últimas sílabas viajaron con saliva, pero no alcanzaron siquiera al plástico del artilugio electrónico.
Chipriota: Si no podés disfrutar de jugar un partido varias veces, nunca tuvo sentido jugarlo en primer lugar. ¿Acaso no sintieron que estaban matando a sus raíces, a sus madres futboleras, con ese planteo tan rácano?
Griego: Alusiones a Oscar Wilde y Camus con espantosa conexión en el segundo caso. Nuestras posibilidades estaban signadas por la deficiencia de nuestra ofensiva ante el poderío ajeno, así nuestras posibilidades estaban.
Chipriota: No caiga en epanadiplosis, afea su discurso. De cualquier modo, la felicidad se puede alcanzar incluso en los momentos más oscuros, y algunas oportunidades tuvieron para modificar el marcador.
Griego: Citar a Harry Potter es indignante. Sí, tuvimos chances. Pocas y buenas.
Chipriota: Repetir una mentira no modificará mis pensamientos, que esto no es 1984 y usted lejos anda de personificar a O’Brien. ¿Cuándo retornan a su patria, cabizbajos y meditabundos?
Griego: Don Segundo Sombra. Los cheques con sus insultos no tienen fondos en el banco de mis sentimientos.
Chipriota: Esa frase no aparece en el escrito de Manuel Hernández. Mafalda.
Griego: Es José y la menciona Manolito. Volvemos con la frente en alto, permanecemos erguidos, aunque parezcamos desconocidos.
Chipriota: Me recuerda a Hölderling. ¿Fue un fracaso el paso por este Mundial?
Griego: Fracasa el que no lo intenta, dijo Séneca.
Chipriota: Sí, pero los mejores planes se ven absurdos en el fracaso. Y el de ustedes…
Griego: Dostoievski. Tenemos la oportunidad de comenzar mejor preparados ahora.
Chipriota: Ridículo. ¿Confucio?
Griego: El antisemita de Henry Ford. “Ridículo”, comentario impropio.
Chipriota: Soy crítico.
Griego: De niño, uno sueña con ser jugador, bombero, astronauta. No conozco a nadie que sueñe ser crítico, dijo el comediante Richard Pryor. Yo soy futbolista. Gracias.
Chipriota: No, gracia’vo’.

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