jueves, 22 de julio de 2010

Final (4)


La mujer que no se baña nunca está sentada en el piso, contando las baldosas. Luego acomoda la caja de cartón lentamente, el tiempo no tiene textura para ella. Vuelve a mirar el suelo y su vista que no ha perdido ni un grado de perfección se clava en el televisor de enfrente. Para ello debió atravesar un límpido vidrio de una confitería y no distraerse con los alimentos de las mesas. Lee, porque aprendió y nunca se olvidó, que juegan Holanda contra España. Es el primer partido que decide mirar. Rápido se aburre y vuelve a las baldosas. Percibe que dentro de poco empezará a hacer frío de verdad y va a tener que recurrir a Jorge que no suelta la botella pero tiene colchón y no le corre viento. Siente que esos jugadores llenos de colores no están sintiendo frío. No se decide qué es más insensato: mirar el piso o perseguir una pelota. Ahí viene una hormiga. Carga una miga de pan. Se choca con otra. Tambalea pero esquiva la unión entre baldosas. Tiene un andar parecido al de Jorge. Otra hormiga quiere hablarle o ayudarla. No se entiende. Sigue su camino lo más recto que puede y se aleja un poco hasta llegar a un agujero diminuto. Lo sortea y continúa su andar dudoso.En el televisor otra vez los hombres corren. No pasa nada. Alguien arrojó un papel muy cerca suyo. Ve un par de piernas que no distingue si son de hombre o mujer. Más no puede ver entonces vuelve al papel, lo levanta para ver qué dice y se sorprende: “Edicto cósmico- espiritual. Omisión. Falta y castigo. Convocatoria al pueblo argentino. Movimiento nacional. ¡El reino de Dios se ha acercado a nosotros! ¡Conviértanse todos! El pueblo al poder para reino y gobierno del Altísimo. Comprueba el poder divino que te acompaña a partir de Hoy. El ejército celestial vigila y te protege. Deja de hacer lo que estás haciendo y difunde esta Noticia Divina a todos y de todas las formas. Fotocopia y coloca este Edicto cósmico espiritual y protector a la vista pública y aléjate de quien no quiera hacerlo. Los rebeldes perderán aún aquello que creían tener. Oración Liberadora y protectora: (orar tres veces por día en todo templo y lugar)…Libera Dios a los ricos de su riqueza y a los poderosos de su poder. A los pobres de su pobreza y a los enfermos de su enfermedad y reina y gobierna sobre todo el universo Su justa y amorosa voluntad y Dios vio que esto es Bueno…Este es un mensaje del Dios del Amor, difundido por su único mensajero y Co-mandante del ejército Celestial: Miguel de Buenos Aires, año 15. El Poder Ejecutivo Nacional. Religiosos y medios de comunicación fueron informados reiteradamente. Deben transmitir por tres días y tres noches este mensaje antes de Navidad. ¡Liberación! ¡Avísales nuevamente hoy y todos los días hasta el triunfo final! Envía tus datos a: argentinaluzdelmundo@hotmail.com.
Alza la vista y cree haber encontrado algo. No sabe qué pero una llama se enciende. Mira las mesas. Nadie ve el partido. No le importa a nadie. Una señora patea a la hormiga. “Libera Dios a los ricos…” Ve las mesas, hay platos de comida sin comer. Gente que habla sin escuchar. Mientras piensa en las caras su cuerpo se levanta, su pie esquiva el camino de hormigas, sus ropas se acomodan a la nueva posición y dejan entrever un solo zapato. Por suerte no pasa ningún auto mientras cruza la calle. “…a los poderosos de su poder…” Un cascote en el piso. Lo recoge y le da fuerte al vidrio. Se escuchan gritos. Todo cae, ve sangre de alguien pero no sabe de quién. El plato de comida es tapado por su mano. Su vista está clavada en la pantalla elevada. Agarra los tallarines con los dedos grises, se los mete en la boca y mientras traga, escupe tallarines gritando “… a los pobres de su pobreza…España ganó, España ganó, España ganó”

Final (3)


Domingo, caminando por la Gran Vía, hora del partido, nadie en la calle, silencio sepulcral, intento ir a un bar a tomar un café y leer, para mí el mundial se terminó la semana pasada, pero la vida sigue.
Entro al Zahara, me ubico cerca de la ventana, giro la cabeza y veo una pantalla gigante, mi mente anuló todo pensamiento, solo me limitó a esperar a que el camarero mozo o lo que sea se digne a venir.
Le pido un café con una napolitana de chocolate, no hay mucha gente, solo son turistas, me imaginé que nadie estaría en la calle, casi el único bar abierto.
Comenzó el partido todo el personal desapareció detrás del mostrador, atentos al partido, intento leer pero me es difícil, el relator del partido está muy exaltado, grita mucho, dejo de leer.
De tanto revolver creo que el café quedo mareado, pienso en cómo puede ser que me sienta asi, es solo un partido de futbol, la vida pasa por otro lado, estoy de vacaciones, disfrutando de un paisaje único y me siento triste por un partido de futbol, mis pensamientos se vieron interrumpidos, pues mi pasión es el futbol y me gusta verlo, no puedo estar ajeno a lo que sucede, me pongo a ver el partido.
Me contagia la tensión del relator, me contagia la desesperación del poco personal del bar, el partido está empatado y ya se viene el alargue, me entro a desesperar yo también. Voy a pedir otro café, aunque no veo al mozo, camarero o lo que sea.
Que envidia me da, envidia de la sana, mirar la final, esperar por festejar y ganar la copa, que lejos estoy de eso, vuelvo a perderme en mis pensamientos, levanto la vista sigo con el partido, gol de Iniesta, siento el cuerpo congelado, veo todo en cámara lenta, no oigo, solo veo la gente detrás de mostrador saltando, llorando, miro la pantalla veo a los jugadores abrazados, el llanto de Casillas como el del personal del bar, los turistas se ríen y abrazan, me miran, los miro.
Vuelvo a recuperar el control de mi cuerpo y me siento aturdido, terminó el partido, todo el mundo sale a la calle, viene el mozo y me está diciendo que pague porque hay festejo en la Cibeles.
Salgo por la Gran Vía camino junto al resto, me lleva el mar de gente, me lleva el mar rojo, rojo por las camisetas, por las banderas, bocinas, gritos, todo es felicidad, gente llorando.
Estoy en Cibeles, me rodea la gente, me encuentro en medio del festejo, un festejo que no es mío, un festejo que no me llega, me doy vuelta, una viejita me está mirando sus ojos están llenos de lágrimas, me está abrazando y no me conoce, me separo doy media vuelta y sigo caminando sin dejar de ver su rostro, me están empujando, veo a un hombre más joven que la vieja, más grande que yo, también está llorando.
Una nena me está preguntando si no soy español, le digo que no que soy argentino, me dice que con razón no estoy llorando, le digo que no es mi fiesta, se va con sus papas.
Me alejo de la multitud, me apoyo en la baranda que hay en la calle, miro la fiesta, gritos, bocinas, me estoy empezando a relajar. Giro la cabeza y un tipo me está hablando, lo escucho atentamente y me está contando lo feliz que esta porque su España salió campeón, me cuenta que no quería morirse sin ver a España campeón y me emociono, empiezo a entenderlo y lo abrazo, me regala una lata de cerveza para que festeje.
Levanto la lata en son de brindis y grito con todas mis fuerzas FELICIDADES CAMPEON mientras mis dedos están cruzados detrás de mi espalda.

Final (2)

¿Todos posicionados? Sí. ¿Locaciones aseguradas? Sí ¿Los transportes jaula preparados para recibir a los criminales? Sí. Entonces: listos, concentración máxima, la operación “Desmalezamiento” comenzará en treinta segundos. Recuerden, si los sujetos se ponen muy violentos ante las órdenes, utilicen la fuerza de sus brazos, sólo si ésta es insuficiente recurran a los bastones, al gas enceguecedor y la pistola eléctrica de bajo voltaje, en ese orden. En caso de que tampoco funcione desenfunden y utilicen sus armas semi-automáticas, disparando primeramente a los músculos, luego a las articulaciones y, en caso extremo, en la sien, en ese orden, ¿está claro, verdad? ¡Sí! Los quince miembros de la Guardia Del Deber Comunitario (GDDC, los “guddeco”, como se los conocía) abrieron sus ojos al máximo y sentían como la adrenalina les fluía por todo el cuerpo. Guiados por Miguel Vacuniin, sus catorce fieles laderos esperaban ansiosos el “¡Adelante!” con el que comenzaría la última etapa de una investigación que inició Pedro Prudón, ya retirado al alcanzar la edad jubilatoria de 53 años, con 28 de servicio. El anterior líder guddeco había conocido a través de un foro en internet la existencia del grupo de individuos que ahora estaban a punto de apresar. Se interiorizó de sus afiliaciones políticas, de las redes de financiamiento, de los libros que leían y pidió permiso a un juez para seguir sus pasos más privados (supervisión de llamadas, instalación de mini-cámaras y micrófonos en los lugares de reunión habituales, gastos con las tarjetas crediticias e infiltración de agentes encubiertos) ante la firme sospecha de que infringían la ley 30.000, aprobada hacía ahora medio siglo. La labor de Prudón fue impecable y con ello cerró una foja de servicios sin tacha. Vacuniin, quien participó desde cero en el proceso de recolección de pruebas, sentía una responsabilidad gigantesca por llevar a buen puerto el trabajo de su predecesor. Si alguno de los quince agentes aún tenía dudas de lo correcto de su proceder –pero ninguno las poseía–, se disiparon apenas tomaron posición de sus lugares. Luego de que el conductor del transporte jaula utilizado para llegar al sitio y después llevarse a los criminales diera arranque a los micrófonos de escucha supra-pared y a los anteojos de visión nocturna, y tras haber solicitado el corte de energía eléctrica del edificio marcado a la compañía proveedora del servicio, los guddecos pudieron ver y escuchar como los malvivientes cantaban contra de la ley 30.000 “Porque los putos son subnormales / porque a los Down hay que matarles, antes de nacer / porque los hebreos son el diablo, y los gitanos el descarte del Edén / ¡Sea racista, sea humanista! / Diferencie la basura de lo bien / ¡Sea racista, sea humanista! / Porque Dios es amor, patria y familia / porque la Iglesia es nuestra paz / ¡Sea racista, sea humanista! ¡Séalo ya! / ¡Porque los putos subnormales! / ¡Sea racista, sea humanista! ¡Séalo ya!”. Indignados ante las muestras de intolerancia, todavía existentes en el año 2060, algo insólito para ellos, y en confrontación con la ley 30.000, los guddecos debieron padecer las proclamas y vítores ante los festejos del grupo en cuestión por el aniversario número 50 que festejaban. Con vestimentas rojas se estrechaban las manos, bebían cava, comían jamón y se gritaban “jo’er”. Miguel Vacuniin dio la orden, la luz se esfumó y los guddecos, con sus movimientos precisos, ingresaron al grito de “¡Alto! En nombre de la ley quedan todos ustedes detenidos. Tienen derechos y serán respetados, pero debemos llevarlos ante la Justicia. Tengan a bien colaborar o estamos autorizados a emplear cuantos medios estén a nuestro alcance”. No cedieron fácilmente. Se resistieron y recibieron bastonazos o sus rostros fueron gaseados; uno padeció las bajas descargas eléctricas, pero ninguna bala. Eso alivió a los guddeco. Cuando los 16 fueron ubicados en el transporte jaula Vacuniin se sintió satisfecho, pero no podía borrar de su mente el enorme cartel que debió descolgar y llevar como prueba para el juez. Ese que rezaba: “50 años del último Mundial de Fútbol ganado por un equipo sin negros ¡Viva!”.

Final (1)


Mi vaso estaba medio vacío y la casa también.
El silencio me aturdía y yo quería que se callase.
Mis intentos eran en vano, él no me escuchaba.
Daba vueltas a mi alrededor, me perseguía, me invadía.
Estaba jugando con la paciencia y encima ahora ocupaba mi silla.
Luego se metió en mi vaso medio vacío, bebió un sorbo de mi agua, bebió dos, bebió tres, lo vació.
La paciencia se agotó y salió disparada. Me quedé solo con la rabia.
Grité: “Qué hiciste? Salí ya de mi vaso y andate de mi casa!”.
Terminé de pronunciar la última palabra y llegó el dolor. Lo sentí en mi garganta, su presencia marcaba la intensidad de mi descarga.
Me arrepentí, me replanteé si no habría sido demasiado descortés.
Después de todo, siempre hay que llevarse bien con el silencio.
Me tranquilicé y me disculpé, lo invité a que se quedara.
Él no tenía la culpa de mi melancolía.
Hoy se cumplía una semana de aquel día en que el ruido me abandonó y yo no dejaba de extrañarlo.
Durante el último mes me visitaba con frecuencia, yo lo invitaba con unos mates y compartíamos unas facturas.
Nunca estábamos solos.
Nos juntábamos las bolas de fraile, el mate, el ruido, mis amigos y yo.
La asistencia era perfecta, no había forma de que alguno se ausentara.
Estaba todo perfectamente planeado y era nuestra cábala para cada partido.
Mis amigos y el ruido llegaban juntos, y yo los esperaba junto a bolas de fraile y el mate en el living de mi casa.
A primera hora la glotonería y yo salíamos hacia la panadería, así nos asegurábamos las más ricas.
Siempre elegíamos con el mismo criterio, debían rebalsar de dulce de leche y vestir una gran capa de azúcar impalpable.
Una vez todos reunidos, disfrutábamos de las victorias del equipo argentino.
Al final de cada partido llegaba –su- momento, el ruido se hacía escuchar y nos llenaba de felicidad.
Su festejo completaba cada victoria formando una ecuación perfecta.
Y hoy se cumplía una semana de aquella derrota ante Alemania. Una semana de aquel día en que la tristeza secuestró al ruido. Nunca más lo volvimos a ver.
Mis amigos tampoco volvieron, dijimos que ya no nos juntaríamos porque no quedaban motivos para festejar.
Hoy encendí la tele para ver la final. A solas con la soledad apareció la sed e inmediatamente se sumó mi vaso que llegó medio vacío.
Fue en ese instante, mientras España y Holanda corrían por el primero tiempo que el silencio ocupó mi silla, se metió en mi vaso y se tomó en tres sorbos todo lo que quedaba en él.
Primero me enojé, después me disculpé, más tarde comprendí.
La desaparición del ruido, la llegada del silencio y el vacío de mi vaso se relacionaban entre sí provocando la melancolía.
La melancolía me explicaba que el mundial ya había finalizado siete días atrás y que ese partido a mí ya no me incumbía.
Miré a mi alrededor, solo quedaba el silencio. Fue entonces que apagué la tele y lo invité a pasar a la cocina para tomarnos unos mates con algunos restos de bolas de fraile.

jueves, 15 de julio de 2010

semifinal (5)


Dedicado a mi gran amiga del alma, oriunda de esas tierras…

Por su humildad infiníta, hermanos orientales
Mi homenaje
Mi alegría
Mis honores

Para Levantar el sol y agitar tu bandera
Cansados pero enteros, el milagro en la galera
Con championes puestos, en la cancha heroicos
Las manos del sacrificio, Sanchez y el loco.

Pelos rubios desafiando el arco, una camiseta celeste llena de pasión.
Esa hinchada unida entonando tu canción
El sueño de la copa instalado en tu mente
Sean los orientales tan ilustrados como valientes

La emoción de haber viajado alguna vez por tus puertos
Con un mate bajo el brazo
Las barbas de los 70’s y el fiat 600
Los chivitos y lomitos, y la pizza con fainá.
Colonias, paellas, Dr. Servy, mozzarella.
Qué haces vo! Chiquilina cómo andá?!

El cuarteto de nos, la Oreiro, Berugo y hendler
La calle Yacaré, los murguistas, su futuro
Tambores sonando por tus calles por tu rambla
te atreviste a soñar, Alcoyana, Alcoyana

Amiga charrúa, hermana, chinita

Llena de emoción les escribo, te escribo
Porque tu paso por el mundial me trajo mas alegría que el paso de los míos
Gracias a la hinchada, a su aliento, al travesaño, al maestro, al equipo
¡Quién hubiera dicho, quién hubiera dicho!

Esta vez no fue, pero será la que viene
El tercero o el cuarto, ya no importa, soy celeste
Porque después de tanta lucha
Después de tantos dramas
Después de tanto nervio y tantas ganas
Para mi, mis queridos uruguayos
Se mire por donde se miré
Del derecho o del revés
Ustedés mis hermanos son tan campeones
Como la primera vez.…

semifinal (4)


Masticando bronca iba Roberto por la calle Reconquista, tenía que ir al dentista justo en ese horario, justo en el horario en que el partido de semifinales estaba por comenzar.
Roberto nació en Rocha un departamento de la Republica Oriental del Uruguay hace muchos años, no tantos como para ver a su celeste campeón.
Dobló por Corrientes y paró un taxi, le indicó el camino y le preguntó si podía poner la radio para escuchar la previa, el taxista accedió, comiéndose las uñas llegó a destino, pagó y bajó.
Caminó rápido hasta el dentista, se anunció y se sentó en la sala de espera, miró su reloj y el partido estaba por empezar, su Uruguay querido estaba por disputar la semifinal y el no podía verlo. Se levantó como un resorte y con su sonrisa número 45 le hizo caras a la recepcionista para que saque el programa del japonés que hace sushi en el canal Gourmet y ponga Telefe para ver a Uruguay, la recepcionista hipnotizada cambió de canal y se escuchó el comentario de Niembro sobre la cantidad de películas filmadas en Africa en el periodo estival de las morsas lesothanas.
Se sentó a mirar el partido, los nervios lo carcomían, se fueron acercando más pacientes mientras esperaban a ser llamados y al rato se escuchó por el parlante “Schiavone, consultorio 4” justo en un tiro libre para Uruguay. Se quedó mirando hasta que lo clavó en la tribuna, cabizbajo fue hasta el consultorio 4 y entró.
El dentista le indicó que se sentara y cuando levantó la vista vio encendido el televisor en el partido, se acomodó y esperó a que lo atendiera. Abrió la boca sin dejar de relojear el televisor, torno va, pinza viene, algodón, enjuague, que no cierre la boca, en eso vino el gol de Holanda.
Siguió con la boca abierta mientras el dentista buscaba sus elementos, le colocó un gancho que no le permitió cerrar la boca, el tipo se le paró delante del televisor cuando Forlán clavó un golazo. Se levantó en un instante, tiró la bandeja y se incrustó el gancho de la boca en el paladar pero nadie le sacó la alegría que tuvo al gritar el gol del empate.
El tipo tuvo que ordenar todo lo que tiró Roberto emocionado, tenía el segundo tiempo para soñar.
Comenzó el segundo tiempo y Roberto siguió con la boca abierta, en medio del tratamiento el dentista le aplicó una anestesia, mientras esperó a que hiciera efecto, vino el segundo gol de Holanda. La cara de dolor, y no por el pinchazo era increíble. Todavía no se repuso del gol que vino el tercero, ya resignado con lágrimas en los ojos se encomendó a la garra charrúa.
Cuando el dentista terminó, el partido aún no había terminado se fue apurado hasta la recepción para ver los últimos minutos, seguía con dolor en la boca pero gritó el segundo gol uruguayo abrazándose con la secretaria, alentó gritando mientras los demás pacientes se rieron por el espectáculo de Roberto, estuvieron a minutos de la hazaña, pero el árbitro Irmatov dio por finalizado el encuentro, su Uruguay amado quedó en semifinales, otros cuatro años para soñar con un mundial.
Salió del consultorio llorando, se tomó un taxi y llegó a su departamento, se encontró con el encargado del edificio que lo felicitó y se le infló el pecho. Y cuando entró al edificio y dejó atrás al portero le dijo en voz baja “Para vos argento, tomá”.

semifinal (3)


Busco terapeuta. Necesito terapia. Que alguien me escuche por favor.
Ya falta poco para que termine el Mundial, tan solo cuatro días.
A mí me quedaba solo un partido cuando quedé afuera de la Copa.
Te crees que fue fácil?
Llegué a la cima, casi juego la final del mundo y hoy volví al anonimato..
Claro que no es fácil, es más bien cruel.
Hay que soportar la fuga de la fama, el cese del estrellato, la ausencia del éxito, la huída de la gloria. Es durísimo. Estoy físicamente reventado, eso ya es de público conocimiento, pero también estoy psíquicamente muy herido.
Aún no sé porque acepté esta convocatoria. Debí haber imaginado este final.
Yo siempre fui muy temperamental. Entonces, por qué dije que si?
No hay duda, soy una víctima de la maldita exitoína.
Las ilusiones de fama, gloria y reconocimiento pudieron contra la razón.
Mi destino estaba escrito: apenas los campeones alzaran la copa yo pasaría a mejor vida.
No me importó y quise estar aunque luego fuera desechado y olvidado.
Pero el final se apresuró y me tomó por sorpresa. Que ingratitud.
Volví al anonimato en cuartos de final.
El mío es un trabajo sacrificado.
Durante 90 minutos el mundo entero posa sus ojos sobre mí: medios, cámaras, periodistas y fanáticos.
Durante los 90 minutos los 22 jugadores solo piensan en poseerme.
Qué decís? Hay que soportar tremenda presión, no?
Me eligieron por considerar que mi redondez era exacta y que mi circunferencia, diámetro y peso eran perfectos.
Apenas llegué a Sudáfrica me sometieron a un extreme make-over, un cambio de cara.
En serio, hasta tuve mi propio evento de presentación!
Tuve poco tiempo para asimilar todo lo que me pasó. Con las buenas llegaron las malas y no estuve exento de críticas.
Yo que me banqué tantos golpes, que volé tan alto, que caí tan fuerte, sobreviví a todo.
Sin embargo, no superé las críticas.
Soy el balón más criticado de la historia y en pleno debate con mis detractores exploté.
Me salí de mi centro, perdí mi coherencia y tuve un pico de presión.
Para un balón, un pico de presión puede ser fatal. Yo quedé postrado, pinchado por el resto de mi vida.
El debate fue duro, luego del partido con Alemania la selección Argentina no tuvo autocrítica y me increparon a mí.
El DT Argentino dijo: “esta pelota es imposible, no dobla”.
Yo respondí: “Pelota será tu hermana, tu mujer y tu madre, yo soy un balón”.
El arquero Argentino afirmó: “ …nos trajo muchas complicaciones a los arqueros y a la defensa, es difícil de atrapar”.
Yo respondí: “Es evidente que estoy en boca de todos pero en manos de pocos Sr. Romero. Yo seré de caucho pero usted es de madera”.
Messí: “ Yo hubiera preferido la del Barça…con esta es imposible meterla”.
A esta altura mi presión estaba por las nubes. Le iba a responder, aún sabiendo que mis palabras podrían dejarme fuera del torneo por calumniantes.
No hubo tiempo, exploté frente a todos ellos.
Nadie se acercó, nadie se preocupó.
Ellos volvieron a sus mansiones, yo al anonimato.
Hoy estoy pinchado y busco terapia, necesito un terapeuta por favor.

semifinal (2)


Gringo, grita el hijo de gallegos. Gringo tomatelás.
“Ha caído Brasil”
Lloramos de alegría la derrota de los soberbios jugadores.
“Ha caído Paraguay”
Siempre la derrota del pueblo guaraní. Esta vez fueron los castizos, lograron lo que no pudieron en la colonia: acabarlos.
“Ha caído Uruguay”
Y era la última esperanza de la región.
¿Qué región?
“Perdió la unidad latinoamericana”
No ha quedado ningún representante, por ende, Pedro apaga la tele. La vuelta al trabajo.
Pedro es escupido por Ramón en la calle y le grita qué hacés, boliviano de mierda.
Ramón no vio el auto, estaba preocupado por cómo llegar a la fábrica lo más rápido posible sin que se notara su falta. Tenía muchos cortes de tela por delante, todavía.
Pedro desconoce completamente el origen de su familia. No sabe que cinco generaciones atrás una mujer de amplias polleras, increíble y seductora sonrisa fue violada en el altiplano por un señor feudal que tomó ese hijo natural y lo hizo suyo y olvidó a la mujer. Luego, mucho más luego en el tiempo, Pedro grita insultándose a sí mismo. Nunca leyó nada, ni siquiera el diario. Menos podemos esperar de su educación. Nunca le importó otra cosa que los números. Será por eso Pedro no sabe que es negro. Será porque no leyó a Boris Vian. De todas formas, ve a Ramón como un amo a su esclavo.
Ramón tiene cerveza en la sangre y conciencia de clase. Le pide que se baje del auto que lo va a cagar a piñas. Ramón es guapo. Pedro lo mira. Aterrorizado su pie no se decide entre el acelerador y el embrague. El semáforo se pone en verde.
Un cóndor pasa.
Es ahora o nunca.
Pedro se va. El auto usado pero con olor a limpio huye con vergüenza de la escena. Su conductor está colorado, sudado, piensa en el plasma que acababa de comprar. Si solo siguiera un equipo, me darían ganas de verlos pero puedo hinchar por España. Sí, voy a hinchar por los gallegos.
Pedro desconoce completamente el origen de su familia. No sabe que cuatro generaciones atrás un hombre de Galicia estafó y asesinó al señor feudal. Se quedó con su hijo, esclavizó a la sensual chola y la martirizó hasta que murió. Vendió todas sus posesiones y se vino al sur escapando de la mala fama.
Ramón pensó que se perdió una genial oportunidad para romper el equilibrio monótono del día. Una buena piña en el centro de la cara de ese mal nacido y la sangre vuelta a circular. Ahora solo quedaban los cortes de tela por delante. El patrón no vuelve porque hoy hubo partido. Ramón no sabía quién jugaba. Ni le importaba. Venezuela nunca llegó a la copa del mundo y él no sabe las reglas del fútbol.

semifinal (1)


Con cara de nada y mirando más bien para el costado, abrió la boca. Su mameluco azul, que le habían dado para visitar el lugar, le quedaba un poco ajustado y le estaba molestando.
-¿Y? ¿Entonces? ¿Qué es lo que hacen acá? Porque no entendí muy bien- preguntó.
-Vea, se lo vuelvo a decir. No es que “hagamos” algo. Nosotros miramos, observamos comportamientos, patrones de conducta. O sea, vemos qué corno hace un cierto grupo de individuos ante determinado estímulo, ¿ahora sí?
-¿Estímulo? ¿Eso no es como una palmadita en el hombro?
-Sí, algo así. Pero en este caso queremos decir elemento extraño al individuo. Por ejemplo, ve a ese sujeto en la habitación X3 –y le mostró una pantalla–. El individuo 234.AF23.WZ9 está siendo sometido a una lluvia constante. Le llueve agua, granizo, nieve, a veces ácido sulfúrico diluido, desde hace treinta años, y vemos cómo va reaccionando. Ese es el estímulo, la lluvia, ¿comprende?
-Más o menos. ¿Nunca le deja de llover?
-Jamás. La idea será que dentro de unos años más, digamos quince, le cortaremos la lluvia y veremos qué acontece con su forma de relacionarse con el mundo, con su psiquis, con sus sentidos, en particular el táctil, con sus niveles de hierro en sangre y demás indicadores.
-¿Para qué?
-Para el avance la ciencia, la mejor comprensión de nuestra naturaleza humana y para cumplir con el contrato que firmaron sus padres con el objetivo de tener ellos una mejor vida, entregando a sus hijos para la investigación científica.
-Claro, como a mí.
-Exacto.
-¿Y qué me toca? ¿También lluvia? Espero que no- señaló Norberto.
-Oh, no. A usted, 275.AH23.YZ9, le toca el apartado de “Pasiones”.
-¿Cómo me dijiste?
-Por su nuevo nombre, ese que tiene tatuado en el brazo.
-Pero me llamo Norberto.
-Acá no.
-¡Pero qué nazis que son!
-Sí, eso suelen decirnos. Ahora ingrese en su nuevo hogar. Lucrecia lo está esperando.
-Ah, ¿ella sí tiene nombre? ¿Por qué?
-Porque es la encargada de limpiarlo de impurezas. Déjese llevar.
Lucrecia vestía botas, un látigo y un gorrito blanco de enfermera. Le habló en un idioma que Norberto desconocía y le tomó la poronga con fuerza. Él se la quiso sacar de encima, asustado, pero ella lo castigó con el látigo, a la vez que se metía su miembro en la boca. Norberto se relajó, y a los 45 segundos quiso irse en seco. Lucrecia notó la pasión desbordante de 275.AH23.YZ9 y le pegó una patada tremenda en las bolas. Le gritó en ese idioma incomprensible y le mostró una silla. Con sus manos ella le mostró que no debía masturbarse y accionó un botón en la pared. Apareció una pantalla y lo enfundó en una bandera roja. Desde el monitor veía las celebraciones de la comunidad autónoma de Extremadura y se alegró porque sus ancestros de allí procedían. El conductor del programa especial anunció que ahora verían las celebraciones por el paso a la final de España en Navarra. Así, durante los próximos días, vería todas las grabaciones tomadas por cadenas de televisión, hasta las tomas que no salieron al aire. Y luego escucharía las emisiones radiales, incluso las que solo transmitían por internet. “Todo sea por la ciencia y la felicidad de mis padres. Ojalá vuelva Lucrecia pronto”, dijo Norbe…275.AH23.YZ9 en voz alta.

Argentina - Alemania (6)


Hace diez años que vivo en Hermosillo, la ciudad más grande de México. Me habían ofrecido mejores condiciones laborales y una holgada calidad de vida. Casi ni lo dudé, lo consulté con mi jermu y nos vinimos.
Con Nilda, estábamos recién casados y cansados. Trabajábamos doce horas por día y siempre comíamos lo mismo: caracoles al limón. Vivíamos en un cuartito al fondo de la casa de una tía sorda en Balvanera.
Nilda era peluquera en zona norte, viajaba en bicicleta porque decía que el tren la deprimía. Asique se levantaba a las cinco de la mañana, tomaba un mate con algún caracol que hubiera sobrado de la noche anterior y salía para su trabajo. No era fácil para ella lidiar con las señoras conchetas de la Horqueta, ya que se le hacía imposible entender que dijeran estar estresadas porque la niñera se había enfermado durante toda una semana y tuvieron que llevar a sus hijos al jardín cinco días seguidos.
Yo vendo zapatos en un negocio del Solar de la Abadía. Me levanto mucho más tarde que Nilda pero desayuno lo mismo. Nos encantan los caracoles. Prefiero tomarme el bondi antes que pedalear un centímetro. Pero lo que me caracteriza no es mi oficio. Soy un ferviente hincha de Argentinos Juniors. Los voy a ver siempre a la Paternal y mi abuelo es socio vitalicio del club. Tengo posters pegados en la pared del living de Maradona. Además soy miembro fundador de la iglesia maradoniana. Creo que el Diego tiene poderes especiales. No es un simple ser humano.
La alegría que nos dio a los argentinos en el 86 contra los gringos no se compara con nada. Nos hizo llorar, nos unió a todos los argentinos. No es la mano de Dios, es Dios entero. El Diego es del pueblo, como Evita. Ojalá hubiera más gente como ellos en Argentina, sería un país de primera.
Pero ahora está lleno de gente que habla boludeces, ya no somos lo que éramos.
Tuvimos dos hijos, Diego y Armando. De ocho y seis años. Desde que nacieron los hice fanáticos de los bichitos colorados y del más grande. Del único, de Dios.
Los crié haciéndoles saber que la Argentina era el mejor país del mundo, que teníamos el mejor fútbol, las mejores minas y la mejor carne. Que con su mamá nos fuimos pero que pensábamos volver.
Siempre antes de ir al colegio les hago besar la foto de Maradona y se llevan una estampilla de Evita para que les de suerte en los exámenes. Son fanáticos como el padre. Todo un orgullo para mí.
Uno de los días más felices de nuestras vidas fue cuando nos enteramos que el rey iba a ser el director técnico del país que tanto amábamos. Hicimos una fiesta con los más conocidos. Celebramos y bailamos. Estábamos seguros que con el Diego a la cabeza tendíamos la copa de nuevo. No había dudas, era Dios dirigiendo a nuestra selección. ¿Qué podría salir mal?
El primer gol de los alemanes no nos importó. Dios era nuestro director. El segundo tampoco, algo grade se avecinaba para nosotros. En el tercero, esperábamos un milagro. En el cuarto y con pocos minutos faltando para terminar no entendíamos por qué Dios nos estaba castigando de esa manera.
Cuando finalizó el partido, mis hijos me miraron con los ojos húmedos y me preguntaron: ¿ Qué pasó? ¿ No era Dios el entrenador? ¿ No éramos los mejores del mundo?

Argentina - Alemania (5)


Mi nombre es Rogelio. Vengo de una familia descendiente de alemánes, españoles y argentinos. Vivímos en territorio alemán. Como me estoy hacienda viejo decidí investigar la verdadera historia de mi familia, trágica y heroica a la vez.
Lo poco que sé lo sé gracias a las increíbles historias de mi abuelo Gregorio. Más de una vez pensamos que estaba loco, pero viendo el desarrollo de la humanidad, puede que haya tenido razón..
Se cuenta que mi abuelo vivía en costa Española, cerca de Málaga. Un día vio como un grupo de refugiados llegaba nadando por las heladas aguas del océano Atlántico. Venían de Argentina, un pais lejano, conocido por sus mujeres hermosas y su pasión por el fútbol. Fue esa pasión por el fútbol de los argentinos que hizo que miles de integrantes de nuestra especie haya tenido que emigrar por esos años a otras playas. Un día estaba mi abuelo Gregorio hacienda la plancha, cuando escucho una voces a lo lejos gritando desesperadas, buscando un lugar donde descansar. Habían nadado kilómetros y kilómetros, las aguas agitadas del océano habían dejado atrás a más de la mitad del grupo. Gregorio, después de desperezarse un poco y pensar en el poco lugar que le quedaría a el para sus paseos matinales, salió al encuentro. Ellos no dijeron palabra, estaban atemorizados, algo terrible le había pasado a sus familias y amigos.
De a poco los nuevos visitantes se fueron acomodando. Se fue armando una comunidad nueva, Argentina, y mi abuelo los ayudaba. Cuenta la historia que un día, después de una comilona comunitaria de mejillones, apareció como de la nada una hembra, hermosa ella, con sus extremidades alargadas, ágiles. Tan frágil parecía, nadie sabía de donde había salido. Mi abuelo, atraido por la belleza de semejante criatura, tomó valor y le empezó a hablar. Hacía meses que ella estaba escondida en la cueva, tratando de olvidar los momentos horribles que había pasado. Ella vivía cerca del puerto. Cuidaba de sus hermanos y de vez en cuando daba clases de natación a recién nacidos. La vida era tranquila en esas aguas hasta que un día, sin saber porqué, llegaron los rumores. Toda la comunidad estaba siendo aniquilada. Se entendía poco, se hablaba de salsas portuguesas y provenzales, todos pensaban que vendría un barco y se los llevaría a Portugal o a Italia, ellos preferían Alemania. Poco era lo que se sabía, más que nada porque por esos días los pescadores estaban ocupados mirando el mundial. Fue muy rápido todo, la mitad de las familias habían desaparecido sin más, la otra había empezado a nadar hacia algún destino fuera de las salvajes aguas argentinas. La meta era escaper de las redes de aquellos viles fanáticos que sólo pensaban en comer vivos a toda nuestra especie. Rosita agarró a sus hermanos y empezo a nadar en dirección contraria a las luces del puerto. Tres de sus hermanos murieron en el camino, su madre y su padre fueron atrapados antes de partir. Las terribles imágenes de sus hermanos ahogados y sus padres asesinados no la dejaron dormir hasta el día de su muerte.
Finalmente el abuelo y la abuela se enamoraron y decidieron dejar el pasado atrás y cumplir el sueño familiar. Se instalaron en Alemania. Tuvieron dos hijos. La tía y papá. Se cuenta que en casamiento de mamá y papá explotó todo. Las vueltas del destino, que le dicen, y nada major que un evento familiar para sacar a relucir la mugre familiar. El lío que se armó cuando llegó el viejo tío Paul. Sí, sí, el tío Paul de mamá ese que resultó ser el responsable de la repentina popularidad de la familia, de que el abuelo y la abuela se hayan conocido y del asesinato de mis bis abuelos. Y, aunque no sé aún porque, de que se nos prohibiera terminantemente volver a comer mejillones en cajas transparentes, traídas por locos extraños.

Argentina - Alemania (4)


El despertador sonó, como todos los días salvo el festivo domingo, a las cinco. Apagó el ruidoso aparato e intentó salir de la cama sin tocar a su obesa esposa. Pisó una cucaracha desprevenida y el crujido vino acompañado de un movimiento abrupto por parte de Palmira. Palmira bufó. Asencio se quitó los restos del insecto de la planta de su pie y se calzó las medias. Ya en el baño liberó sus líquidos y se acomodó un poco el cabello, sin encender la luz, porque la incandescente se había quemado hacía dos semanas. No tiró de la cadena porque eso hubiera desvelado a Palmira, así que dejó todo allí para que luego ella, cuando se levantase tres horas después, pudiera comenzar el día insultando a alguien.
No cerró la puerta del baño porque no la había. Canjearon la madera y sus herrajes por unos chapones para el techo. Buscó sus prendas y se terminó de vestir. Ya en la cocina, a cuatro metros de distancia de la cama, abrió la heladera y sacó un pedazo de mortadela. Lo bajó con vino blanco encartonado. A él le gustaba el tinto, pero a Palmira le traía gases, mareos, quistes sebáceos, herpes y le inflamaba las encías. Así que tomaban blanco. Muy de vez en cuando ella cedía y pedían rosado en el almacén, pero esa opción no la traía Don Roque.
Agarró el cuchillo sin lavar que estaba sobre la mesada y le apuntó al roedor que por ahí deambulaba. El ágil aprendiz de cazador no logró dar con su presa y la laucha se escabulló entre los azulejos despegados. Estuvo a punto de abrir la canilla para lavar la cuasi-homicida arma, pero notó que una olla estaba boca abajo. Pensó en lo despierto que se encontraba para ser de madrugada y en la sagacidad que supuso no generar un ruido símil tambor que hubiera interrumpido el sueño de la enorme Palmira. Se dignó a quitar la olla y al levantarla una veintena de pequeñas moscas bien negras salieron revoloteando. Los restos de un guiso preparado hacía dos noches aún permanecían unidos a la superficie metálica y los jejenes se estaban deleitando con ese plato. A Palmira le salía realmente bien. En especial, como consideraba su marido, si teníamos en cuenta que solo utilizaba verduras y, muy esporádicamente, hueso de caracú.
Se preguntó si debía asearse un poco más, pero tras oler sus sobacos notó que estaba bien. Rastreó la billetera y, al encontrarla, buscó la puerta para salir. La miró a Palmira y susurró un “te amo tanto” antes de entroncar la entrada. Ya en la calle, vio que Manuel también estaba saliendo de su hogar. Lo saludó con el brazo izquierdo y se dirigió a la parada de colectivo. El 768 debería llegar en un santiamén. Casi nunca se retrasaba más que unos pocos minutos. Manuel lo alcanzó en el mástil que oficiaba de indicador para el chofer y le preguntó por el estado de salud de Palmira. Le respondió que andaba bien, pero Manuel acotó algo más sobre su bienestar y él se sorprendió.
Asencio exigió una aclaración ante tanto chusmerío a lo que Manuel, a la defensiva, intentó contemporizar con un “bueno, como está embarazada, quería saber, nada más”. Su sorpresa fue mayúscula. ¿Palmira preñada? No era posible. Si solo le había tocado una teta 14 meses atrás, y porque ella se tropezó. Le preguntó quién le había contado y Manuel balbuceó, se puso a temblar y finalmente confesó que lo sabía porque él era el padre, o eso suponía. También podría serlo Aurelio.
Asencio se puso como loco. El 768 ya llegaba y Manuel lo miraba con cara de “che, ¡qué frío que hace! ¿No?”. Dio medio vuelta y enfiló para su hogar. Destrabó la puerta y gritó para despertar a su amada. Palmira rotó sobre su eje, lo miró, lo puteó y se le acercó para abofetearlo. Tras darle los dos primeros correctivos le preguntó qué carajo le pasaba. Que por qué no se iba al frigorífico y a la concha de su madre, en el orden que le pareciera. Asencio vio que le caminaban un par de lombrices por la pantorrilla pero ella ni noticias. “Amor mío, te quería recordar que hoy vienen Manuel y Aurelio a ver el partido contra Alemania. Era eso nomás. Viste, como nos cortaron el teléfono y ayer casi no hablamos. Ya está. Disculpá. Te veo a las 11, mi cielo”.

Argentina - Alemania (3)


Y acá –dijo Mirta Busnelli- es cuando los egos se nos desmoronan. Yo lo banco a muerte, lo sigo, porque me parece la imagen del desamparado, no…del sobreviviente. ¿Entendés? Es un tipo que la peleó hasta el final y salió de todo. Lo conocen en todo el planeta. En todo el planeta. Y los viejos viven en Devoto. Yo escribí en Twitter “¡Arriba, vamos!” y después pensé. No, que va a sonar a que me estoy burlando. Y lo cambié por “Abrazo, abrazo”.
Su mirada hermosa les preguntó a las chicas “vienen a comer, ¿no?” Acababa de terminar la función y estaba exhausta pero animada. Quería más aplausos.
Una dormía con su novio, otra iba a ver otra obra, otra se juntaba con una amiga y otra esperaba a alguien. Todas bajaron las cabezas, entendieron que el que pone el cuerpo también espera el cuerpo del otro. La vida no es más que una constante de columpios, donde siempre se espera que alguien se siente del otro lado si estamos abajo. Que alguien nos levante. Será por eso que el Diego es tan nuestro. Tanta necesidad de nosotros, no vive más que del reconocimiento, abraza a su hija porque está la cámara.
Exitistas.
Buscar la recompensa del abrazo. El argentino besa.
(La máquina alemana, el cuerpo es solo una masa entretejida de unidades que conforman una tecnología al servicio de. Su victoria fue celebrada, pero nadie lloraba. La Merkell levantó los antebrazos y en su fría lengua habrá pronunciado un medido “¡vamos!”. Rodeada de negros que algún pariente suyo habrá mandado matar pensando que eran menos hombres. ¿Cómo es el teatro alemán? Es un varieté de máscaras hermafroditas que debe romper al medio cada una de las categorías tajantes de la humanidad para poder encontrarse a sí misma. Una identidad de mujeres con sobaco, de hombres con finas remeras violetas. Y no hay posibilidad al collage. Es una suma matemática y exacta de opuestos. Los jugadores autómatas, el director técnico, un puto de catálogo.)
De este lado vivimos en un patchwork interminable. Nuestros negros desteñidos, viajan en primera y vuelven a Fuerte Apache, los rubios quieren bailar cumbia y estudiar, se revuelcan los de arriba con los de abajo en una ensalada de cuerpos. Un teatro de la mezcla, un telón que oculta las uniones pegoteadas. Y la gente quiere verlo, quiere sangre, quiere que se vuelvan a drogar, quiere ver a Fort puto y con minas, quiere que se le caigan los implantes y que diga algo inteligente, que ruede, se tire un pedo y vuelva a la fábrica.
Fanfarria descontrolada, juego de colores, lenguas, vestimentas, cabellos que se oponen siempre a la espera de que otro los acompañe a cenar. El fútbol, el teatro, los medios.
Y, sin embargo, se escuchó una sola risa.
Perdida entre la seriedad de millones atentos a la pantalla. Nerviosos, desconfiados y alertas.
La risa estentórea, interminable, quiso explicarse.
“¡En la cara! ¿Lo vieron? ¡Cómo le pegó el pelotazo directo al rubio! Todos los jetones esos que parecen un paredón y el tipo le pegó el pelotazo directo a la trucha. ¡Me muero! Ni siquiera vio el arco. Se la dio justo.
Qué importa que entre en el arco, lo que importa es hacerlos mierda porque siempre nos culean.”

Argentina - Alemania (2)


Está por empezar el partido, Andrea está sentada al lado de Marcos escuchando la extensa previa mientras toman unos mates y comen algunas facturitas. Observan maravillados la imagen en el nuevo LCD a pagar en muchas cuotas y esa imagen nítida que te da tener High Definition.
Andrea se levanta antes de que comience y coloca la bandera argentina en la puerta del lado de afuera para que cuando su vecino Oto abra la puerta vea su bandera, Oto es un señor mayor muy simpático que siempre le da caramelos a los hijos de los vecinos, les hace figuras con globos, pero hoy es rival, ya que es alemán, los hijos han venido a visitarlo y a ver el partido.
El árbitro dio el pitazo inicial, aun los jugadores se están acomodando, recorren la cancha, se pasan la pelota, la tiene uno la tiene el otro, se escucha “GOOL”, Andrea mira a Marcos, Marcos mira a Andrea y mira su nuevo LCD y su HD y aun la pelota la tienen en la mitad del campo argentino, sigue con la pelota y le hacen falta al alemán, patea, cabecea Mueller, gol de Alemania. Marcos le pregunta a Andrea si escucho lo mismo que el, ella asiente se queda mirando la pantalla, se amarga por el resultado y ambos siguen mirando la pantalla.
Termina el primer tiempo 1 a 0 a favor de Alemania, se levantan para estirar las piernas, hacer algo para no estar tan nerviosos, conversan sobre lo sucedido, comen facturas, vuelven a sentarse.
Andrea abre la puerta del departamento mira hacia el departamento de Oto le hace cuernitos a la bandera alemana colgada en la puerta de su departamento y vuelve a entrar.
Comienza el segundo tiempo, sigue dominando el equipo alemán, se escuchan risas del departamento de enfrente, Marcos comienza alterarse y Andrea lo acaricia para tranquilizarlo, el se levanta al ver que cada ataque argentino es neutralizado por Alemania, va de nuevo el argentino en la puerta del área, cuando se escucha fuerte “GOOOOL”, Andrea sonríe supone gol de argentina ya que iba atacando, Marcos empieza a odiar al vecino por anticiparse al gol, cuando mira a la pantalla nuevamente, el argentino pierde la pelota en campo alemán, raudamente corre por campo argentino, pasa la pelota, gol de Alemania, Marcos tira el mate que tenía en la mano, mira a Andrea sin entender, - como puede ser que Klose pateara tan libremente? - le dice, ella mira a Marcos - como puede ser que lo griten primero? – le dice indignada.
Andrea levanta el mate, mientras limpia, Marcos se vuelve a sentar y sigue mirando el partido, ella ya no puede con sus nervios y se sienta en el sillón y enciende la notebook, se conecta a twitter y comienza a leer los comentarios y a postear sus comentarios.
@Andrea: la puta madre como podemos estar perdiendo
@Andrea: a mi marido le va a dar algo
Marcos la mira y no entiende como puede estar haciendo otra cosa y no ver el partido, los nervios lo carcomen mira la pantalla y ve que los argentinos pierden rápidamente la pelota cuando se escucha “GOOOL”, Marcos se está volviendo loco, agarra un repasador y lo tira a la pantalla, mira a Andrea que está escribiendo.
@Andrea: seguro que es gol de Alemania.
El relator grita suavemente el gol de Friedrich el tercero de Alemania, y Marcos se vuelve a sentar resignado con lágrimas en los ojos.
@Andrea: malditos vecinos que gritan el gol antes que lo hagan acaso son adivinos??????
Mientras su marido sufre el partido ella lee los comentarios de los seguidores y los no seguidores en twitter.
@elvagoargentino: lo que pasa es que el HD tiene delay
@jotajotaalvarez: el HD será muy lindo pero tiene un “diley” de 4 segundos con el normal
@Andrea: Que mal me griten los goles antes maldito alemán del orto
Andrea le cuenta lo leído a Marcos y este no le cree, grita como loco – Alemán puto te llegó con delay mi puteada?
Falta poco para que termine el partido, Alemania no deja de atacar cuando se escucha “GOOOOOL” Marcos toma el control remoto y lo revolea contra el televisor, Andrea levanta la vista de la computadora y ve como el control se abre y se desarma, mientras escribe
@Andrea: Mi marido enloqueció, otro gol de Alemania y aun no paso por la tele
@esteban_perez: che no puede ser quedamos afuera por paliza.
Marcos se sienta a llorar desconsolado, Andrea le acaricia el pelo.
- Amor estaba en las posibilidades, es un buen equipo – le dice con voz suave
- Mn no no puede ser, no puede ser – balbucea entre llantos
- Marcos no te podes poner así, es solo un partido, eran mejores – indica con serenidad.
- Que decis? El no puede ser es que pague una fortuna en un LCD, con HD para que me griten los goles 5 segundos antes de que lo vea – dice gritándole

Argentina - Alemania (1)


Cuando llegué a lo de los González tres años atrás encontré en ellos una familia y en su hogar, mi lugar.
Hasta conocerlo a Pedro, yo vagaba por las calles sin rumbo, dormía donde podía y comía lo que encontraba.
Venía huyendo de una convivencia traumática. Él nunca regresaba hasta muy tarde en la noche y promediando la cena llegaba la agresión.
Un día me cansé de sus escobazos, tomé coraje y lo abandoné.
Si aquel día hubiera podido hablar le hubiera dicho:
– Metete esa maldita escoba entre las nalgas infeliz! A mi no me tocás más un pelo, adiós- seguido de un buen portazo de esos bien ruidosos.
Me hubiera muerto por verle la cara mientras me escuchaba atónito, ja!
Claro que eso no fue posible y cerrar la puerta tampoco. Simplemente huí.
Termine viviendo en la calle y conocí otra realidad, me curtí.
Esa etapa llena de riegos y desarraigos duró tres meses hasta que una noche lo conocí a Pedro. Él se aproximó a mí, yo me fui dejando, entramos en confianza y a los pocos minutos me llevó a su casa. Allí conocí a Clara, su mujer.
Pasaron los días y decidí quedarme a vivir con ellos, me conquistaron con cariño y me sedujeron con manjares.
Tuvimos una convivencia maravillosa y fueron tres años de felicidad.
Pedro y Clara disfrutaban de su intimidad mientras yo me paseaba libremente por la casa haciendo míos los rincones que me apetecían, rara vez venían multitudes.
Pero todo cambió este último mes con las continuas visitas de los García.
Ayer debe haber sido la quinta en tres semanas.
Llegan eufóricos y ruidosos, irrumpen en el living sin importarles mi horario de siesta y encima ocupan mi lugar en el sofá. Viene ella, viene él, vienen sus tres niños y viene su perro Adolfo!
Cuando ellos entran yo automáticamente me voy al jardín y no vuelvo a entrar hasta que se van, no me los banco.
El otro día estaba tranquila limándome las uñas en la paz del jardín cuando escuché la puerta de la cocina. Me entusiasmé por un instante porque pensé que sería Pedro que me traía algo de comida.
Error. Era Adolfo.
El macho necesitaba seguir marcando territorio. No se conformaba con mi living, ahora también venía por mi jardín.
Yo observaba agazapada e indignada detrás del gran roble como este peludo babeaba y olfateaba todo lo que estuviera a su alcance hasta finalmente detenerse frente al rosal.
Con total impunidad levantó su pata derecha, se reclinó levemente sobre su izquierda y orinó copiosamente.
En ese preciso instante Clara se asomó por la ventana.
Su cara hablaba por si sola, expresaba desesperación. No era para menos, el rosal era su planta preferida.
Yo ya me empezaba a regocijar con el reto que se venía cuando, para mi asombro, la escuché decir: “Adolfito, vení ! No te vayas que apenas saliste nos hicieron un gol”.
Perro suertudo, evidentemente no lo vio meando.
Sinceramente, me ganó la modorra. Hubiera buscado una manera de mandarlo al frente de no haber sido por el sol invernal que me invitaba a dormir una linda siesta.
Esta vez te salvaste Adolfito. Ustedes los perros se jactan de ser los más fieles pero yo te demostré que nosotros también podemos serlo. No abrí la boca, no dije ni miau.

jueves, 1 de julio de 2010

Argentina - México (5)


Sábado por la noche, llueve copiosamente según el servicio meteorológico, pero él ni enterado, acostado en la cama del hospital todos los días son iguales, no se puede dormir, hace zapping mira los canales deportivos y apaga.
Domingo por la mañana, mientras espera a sus médicos que realicen la ronda, sus padres vienen a visitarlo a darle ánimos, y le traen una bandera argentina bastante larga, cubría toda la cama, también un gorro gigante con los colores celeste y blanco y una banderita para agitar. Le ayudan a vestirse y se recuesta en la cama tapándose con la bandera, esa era su cábala para ver el partido de Argentina contra México imitando su habitación.
Golpean a la puerta y la fila de doctores entran de a uno y saludan, lo revisan, anotan los valores de la presión, la temperatura y le comentan lo que le harán en un par de horas, le dicen que será una operación simple que en un par de horas sale y el post operatorio es rápido. El mira a su padre y le hace un guiño, entonces interviene diciéndole al médico si la hora de la operación la pueden correr para después del partido, los médicos se miran, se ríen y le dicen que bueno, lo consultarán con el cirujano y en breve le comunicarían la respuesta. Al cabo de un rato la enfermera entra a la habitación y les comenta que no habría ningún tipo de problemas, que ni bien termina el partido lo llevaran al quirófano.
Domingo por la tarde, hora del partido, cada uno toma su posición en la habitación, como si estuvieran en su casa, él se tapa con la bandera y se coloca la banderita para agitar en cada tiro al arco, su madre a su derecha sosteniéndole la mano y su padre cerca de los pies de la cama, el único recaudo es que no pueden gritar ni subir el volumen pero todo lo demás es llevadero.
Cantan los himnos, la emoción que le embarga es increíble, sus ojos se llenan de lágrimas, piensa en que lo pueden ver y se seca rápidamente, su mente vuela, siente miedo por lo que vendrá una mezcla de sentimientos, que Argentina pase de fase y que salga bien la operación, vuelve a concentrarse en el partido, al rato, Gooooool de Argentina, discuten si es posición adelantada o no pero festejaron y se abrazaron, sigue el partido y de nuevo Gooool de Argentina, esta vez fue un gol lícito y volvieron a festejar, el partido era de ida y vuelta y ya empezaba a tornarse nervioso sus manos transpiraban, terminó el primer tiempo, respiran se miran y sonríen. Se levantan los padres para estirar las piernas caminan por la habitación mientras él va al baño, se mira al espejo, su cara denota un poco de cansancio, el no dormir, el pensar en la operación, en el partido estaban marcada en su mirada, se lava la cara y lentamente se va secando y vuelve a la cama, a retomar cada uno sus lugares en breve comenzaría la segunda etapa.
Unos minutos jugaron y luego otra vez se abrazan, un golazo terrible desata la alegría en la habitación, no habían pasado unos minutos la fila de médicos vuelve a entrar junto con la enfermera y le sacan sangre mientras miran el partido sin inmutarse, y se vuelven a ir, pero uno de los médicos se sienta a los pies de la cama, le cuenta mientras esta el partido que ya dentro de poco lo llevaran al quirófano que vaya preparándose, pero no escuchaba nadie, el médico se levanta y al rato hacen un gol los mexicanos, un silencio recorrió la habitación todos se miran y lo miran al médico se dan cuenta que la cábala ha sido rota, se dieron cuenta que cuando se quedo en la habitación el equipo mexicano hizo un gol y comenzó a jugar mejor, el padre muy educadamente lo invitó a retirarse mientras lo empujaba suavemente le cierra la puerta, y vuelve a sentarse. Terminó el partido, la alegría en sus rostros marcaba los pasos a cuartos de final, pero de pronto su rostro se torno preocupado, sabía que lo vendrían a buscar que la puerta se abriría y daría paso al enfermero que lo llevaría hasta el quirófano.
El enfermero trajo la silla de ruedas y se envuelve con la bandera, lo sientan y cruza todo el pasillo llegan al quirófano, le sacan la bandera y se la ponen a un costado y le susurran que se quede tranquilo, lo llevan a un cuartito donde está el anestesista su cara no es muy agradable, el médico lo viene a visitar para contarle de que trataría la intervención y de pronto su rostro se desfigura, le dice que repita más lento lo que dice, mientras amaga con levantarse e irse y el médico le repite lentamente “Óigame cuate, hagamos esto rápidamente que hoy no tuve un buen día”, lo acuestan en la camilla y le grita “sos mexicano?, sos mexicano?” y entre refunfuños el anestesista lo sostiene, le coloca la máscara, entrecierra los ojos y empieza a ver al médico con la camiseta verde de México y al anestesista también, lo miran raro y oye que le dicen “la neta, el primero fue un claro offside, babosos ladrones” y el cuchillo que bajaba cerca de su yugular.
Se despierta sobresaltado, su cuerpo estaba cubierto por la bandera argentina, estaba algo mareado, el cirujano sonreía, él pensaba que estaba muerto, que estaba en el cielo, se toca para ver si es cierto, el cirujano lo saluda y dice algo que no logra entender bajo los efectos aun de la anestesia, el enfermero lo lleva a la habitación, se sigue despertando, pregunta si estaba vivo, pregunta si fue un sueño, pregunta “pero gano argentina no?”.

Argentina - México (4)


Desde que empezó el mundial a mi marido le dio por el sexo anal.
Pedro es como el revuelto gramajo, tiene solo tres ingredientes:
un poco de superstición, algunas cábalas y una pizca de estupidez.
Es enfermo del fútbol, como tantos otros, pero pierde por completo la cabeza como pocos por Diego Maradona.
Su fanatismo lo llevó a fundar en 1998 la Iglesia Maradoniana junto con dos amigos.
Reunieron cientos de boludos en pocos meses. Todo sin fines de lucro, todo por amor y devoción al Diego.
Si por lo menos hubieran cobrado algunos pesos por cada fiel que se incorporaba al credo hoy no estaríamos viendo el Mundial en un televisor de tubo.
Pedro: “El Diego no se mancha, con el Diego no se lucra”.
Viví tres años de locura Maradoniana. En el año 2000 cuando Diego sufrió un ataque cardíaco Pedro y sus fieles se apostaron en la puerta de la clínica hasta que lo trasladaron a Cuba. La Iglesia creció, sumó mandamientos, estampitas, oraciones, días festivos y sacrificios.
Mi proyecto de familia se veía truncado y mis sueños se transformaban en pesadillas.
Era noviembre de 2001 cuando tuvimos una discusión fuertísima que me llevó a pedirle el divorcio.
Los motivos no eran menores. Pedro se había gastado nuestros ahorros, había tomado todos y cada uno de los billetes que entre ambos reservábamos con tanto sacrificio para nuestras vacaciones. Lo hizo sin consultarme y a escondidas. Me sentí traicionada, mi marido se había convertido en un auténtico desconocido.
Yo:”En qué los gastaste infeliz? Cobarde, decime la verdad!”.
Fui dura pero necesité serlo y confesó. Me enteré como mis diez días en Santa Clara del Mar se desvanecieron ante un ticket. Uno solo.
Era para el partido homenaje que se le hizo a Maradona en la Bombonera.
Realmente me hubiera divorciado de no ser por lo ocurrido un mes más tarde, diciembre de 2001.
Entre los cacerolazos de las señoras paquetas, los saqueos de los oportunistas, la renuncia de De la Rúa, el corralito financiero y el fin de la convertibilidad, no resultaba conveniente iniciar un tramite de divorcio.
Nos íbamos a quedar sin un peso, sin un techo y sin la tele. La realidad es que nuestros ahorros ya no existían y no había vuelta atrás.
Opté por lo mejor y le dí una segunda oportunidad con condiciones.
Yo: “Abandoná la Iglesia Maradoniana. Si algún día Diego llega a ser DT de la selección y clasificamos para el Mundial, yo te prometo que te banco a muerte mientras Argentina siga en juego. Soporto lo que sea: cábalas, ritos, todo…pero hasta ese día vivamos en paz”.
Pedro: “Pero me bancás todo, todo, todo?”
Si, fuimos por última vez a la Iglesia y ante D10S repetí mi promesa. Me banco todo.
Nuestra vida cambió radicalmente, yo volví a sonreír y a los meses tuvimos una hija a la que llamamos Nerea Dinora. Mientras tanto Diego seguía haciendo de las suyas: internaciones psiquiátricas, cuadros de hipertensión, de obeso a animador televisivo, más descompensaciones y …DT de la selección. Como me cagó.
Presa de mi promesa y para mi sorpresa, Pedro solo me pidió que le entregue el culo.
Ni cábalas ni oraciones ni locuras. Esperó casi diez años el día que Diego fuera DT solo para eso. Mi marido me sorprende.
“Los mexicanotes la tienen adentro! Les rompimos el culo!”, gritó mi vecino al final del partido.
Como los entiendo ...

Argentina - México (3)


Hace días que vengo pensando en qué escribir. Después de la calidad de los relatos en las jornadas anteriores, tengo a mi imaginación escondida, chiquitita chiquitita como en días de frío... Es que Tito es insuperable. Pero bueno, en un intento por no dejarme caer y pensando en mi pobre orgullo cuando anuncie que no escribí nada, se me ocurrieron algunas ideas geniales. Pero claro, hay que saber escribirlas y yo, si señores, lejos estoy de poder desarrollar una buena idea en el papel.... (este es un tema a profundizar en mis memorias). Al principio pensé en escribir algo como si fuera el Sr. Gol hablando o la Sra. Pelota que tiene a todos los machos detrás pero es más puta y más histérica que las gallinas (y no estoy hablando de los hinchas de River Plate) , el tema es que tenes que tener un poco más de claridad mental para poder escribir algo hablando como si fueras un gol o una pelota o tener algo de merca encima, cosa que sería imposible a estas horas de la mañana...Ah y fundamental, un poco más de orden... (a parte está esta chica que no voy a dar su nombre que siempre elogia el orden en los textos y según el texto esté bien organizado o no, vota....y yo me digo, cagamos dijo Ramos, porque yo el voto de ella no lo obtendré nunca jamás...ni en el texto ni en la vida). Pero bueno, entre la cantidad de ideas pelotudas se me ocurrió escribir un diálogo entre los jueces, ahora que usan esos microfonos onda Michael Jackson, que Dios lo tenga en la gloria. Yo me imagino que los pibes se la pasan hablando de boludeces, les debe chupar un huevo el partido. Los líneas deben joderlo todo el tiempo al referí que esta en la cancha, por la envidia que le deben tener... "che Carlitos, corre más rápido que no llegas"..."carlitos, larga las pastas que te quedas atrás, eh...ya no estás para esos trotes che....te vamo´a poner de juez de cartel" (ese que levanta el cartel de los cambios, el que anda con camperita todo el tiempo). "Carlitos, sacame la roja papá"...etc.
Resulta que parece ser que justo el otro día esto es lo que pasó:
Juez de línea 1: menos mal que me pusieron acá, ayer conocí una morcha que pa que..No me da el cuore.
juez: no me digas! atorrante....
Juez de línea 1: nada, una local, unas caderas, Dios, estas muchachas no hay quien las pare....quería saber cómo es eso de ser juez, les encanta la autoridad, jodidas... ah, usé tu nombre por mi mujer viste...bah, en realidad porque no quería que sepa que soy juez de línea...viste como son las minas.
Juez de línea 2: jajaja, cuánto le pagaste hijo de puta?
Juez: Mi nombre? estas loco? la patrona me mata si se entera...
Juez de línea 2: No te agites que bastante agitado estas ya...no sabías que este es un hijo de puta?
Juez: no quiere ni a la madre, tremendo pedazo de strunzzo.
Juez de línea 1: ehh ! callate y corre! estas gordito...mucha pasta... hace cuánto que no la pones?
Juez: epa, más respeto línea. Te voy a poner la banderita sabes donde... cómo vas a usar mi nombre? La patrona me mata si se entera, cómo le explico? y seguro que la pongo más que vos, mi mujer es una fiera....mirala a la tuya, si supieras las cosas que se dicen en la asosiación.
Juez de línea 1: no te hagas el santito que te vieron comiendo postres con una local a vos...
Juez de línea 2: ejem...coff coff coff
Juez: concentración muchachos que no vaya a pasar como Larrionda...
Juez de línea 1: Qué pasa? ahora te interesa el partido? Larrionada se la come... vaya, que coincidencia.
Juez: y vos también, infeliz, no vas a pasar de ser línea nunca.
Juez de línea 1: epaaa! paren que se viene.... ahi vienen los indios....GOL! (tengo que correr a mitad de cancha, vafangulo, por algo soy línea!
Juez: Línea, te manggiaste un orsai, qué hacemo´ ahora?
Juez de línea 1: cobralo, cobralo!!!!! ya fue....
Juez: pero nos van a matar!
Juez de línea 1: los que nos van a matar son estos indios con cara de asesinos, Mirale la cara a Tevez y a Heinze, te muestra los dientes y cagaste...COBRALO!!!
Juez: que te maten por hijo de puta, cómo vas a usar mi nombre?
Juez de línea 1: Cobralo, después te presento a la morocha!
Juez: está bien, pero anda preparando los brazos que la próxima te ponemos de alza carteles.
Argentina 1, México 0.

Argentina - México (2)


Homenaje a la primera novela de Leo Maslíah, escrita en 1985.

Roque caminaba por el medio de la avenida principal del pueblo y sabía que nada le pasaría. Ni por encima ni en general. Si la frecuencia de los autotransportes públicos de pasajeros ya era espaciada los domingos, uno con partido por octavos de final convertía a la ciudad en fantasmagórica, incluso en el entretiempo. Silbaba una de los Rolling mientras sus pensamientos buscaban el blanco absoluto. En ello, divisó a lo lejos a Úrsula. “¡Qué fuerte está esa hija de puta!”, oyó que gritaba un señor, y lo divisó en una ventana cuando se apretaba las manos con gesto calabrio-napolitano. Su hijo lo miró azorado desde el salón comedor. Le picaba la rodilla de unas frutillitas que se había hecho jugando al básquet en el patio de la secundaria y, al agacharse bruscamente para sacudirse, se golpeó la mano contra una silla. Profirió unos insultos típicos en tanto agitaba la muñeca, suponiendo que así pasaría más rápidamente el malestar. Escuchó que un mensaje de texto había llegado y abrió, con dificultad por la contusión, el modelo con tapa. “Me estoy echando un garco de novela, ¿te muestro?”, le escribió su coprofágica novia. Sin tiempo a responderle, llegó la foto con los sub-productos. María se enorgullecía de que tan escuálido cuerpo generara esas expresiones, a ojos vista, artísticas. “¿Nena, a qué le sacás fotos?”, escuchó a su madre gritar desde el otro lado de la puerta. “¡Esta juventud de mierda! ¿Podés creerlo, Jacinta?”, y volvió al patio con su amiga, que se estaba ocupando de cambiar la yerba para la enésima ronda de mates con hojas de ayahuasca traídas del viaje realizado al Machu Picchu el año anterior.
Jacinta asintió. Los adolescentes se estaban yendo al carajo. En Perú se enteró que era una moda salir con retardados. La novedad atravesaba todas las clases sociales pero anclaba más en las mujeres. Cuando Jacinta quiso saber las razones por las cuales las jóvenes incas los preferían lerdos, todas las respuestas obtenidas versaban sobre la misma idea: “Son igual de estúpidos, pero con menos matices. Es más fácil”. Terminó de cargarle el agua a su mate y lo sorbió con fruición. “No te ofrezco porque tenés la vejiga llena; fijate si tu hija desocupó el baño o se sigue frotando con el escobillón. Igual que vos cuando no te pateabas los pezones, ¿eh?”, le dijo a su anfitriona.
María ya había salido y, en su habitación, buscó la última página del libro contable que le había robado a su tío. En el “Haber”, escribió “Textura: excelente. Color: parejo. Aroma penetrante (1/10): 9. Lectura de borra: un strudel”. Cerró el mamotreto y lo colocó entre Confesiones de un opiómano inglés y Los oráculos paganos, de Thomas de Quincey. Pasó sus ojos por un libro de Quevedo y recordó esos versos: “Si un día algún pedo toca tu puerta / no se la cierres, déjala abierta / deja que sople, deja que gire / a ver si hay alguien que lo respire”.
“¡Nena, sigue!”, gritó su madre y junto a Jacinta caminaban hacia la habitación de estar. María respondió que ya bajaba y le envió un nuevo mensaje a su amado: “Esta noche te la mastico”. El muchacho leyó, se alborozó y acomodó sus colgantes tratando de que su padre no lo notase. “Ah, la puta de tu novia calentándote otra vez. Bien, pelotudo, bien. Esta noche te podés llevar el auto. A ver, dame, ¿qué te escribió la sopla-flauta?”. Los rivales ya estaban dispuestos y el árbitro iba a dar la orden, cuando se pusieron a luchar por el teléfono. “Pero soltá, gil”. El hijo no quería que viera la foto de las deposiciones y, a pesar del escozor ocasionado por su muñeca, no cedía. En el fragor de la contienda, el Motorola salió despedido por la ventana.
Úrsula Floreal Menéndez lo vio volar pero Cacho, concentrado en la radio, sólo escuchó el pitido que marcaba el comienzo del segundo período. Ilusionado por el auspicioso resultado, se asustó sobremanera cuando esa cosa negra impactó sobre el parabrisas; pegó un volantazo y el colectivo se lo llevó puesto a Roque, quien terminaba de silbar “I can’t get no (Satisfaction)”.