jueves, 15 de julio de 2010

Argentina - Alemania (3)


Y acá –dijo Mirta Busnelli- es cuando los egos se nos desmoronan. Yo lo banco a muerte, lo sigo, porque me parece la imagen del desamparado, no…del sobreviviente. ¿Entendés? Es un tipo que la peleó hasta el final y salió de todo. Lo conocen en todo el planeta. En todo el planeta. Y los viejos viven en Devoto. Yo escribí en Twitter “¡Arriba, vamos!” y después pensé. No, que va a sonar a que me estoy burlando. Y lo cambié por “Abrazo, abrazo”.
Su mirada hermosa les preguntó a las chicas “vienen a comer, ¿no?” Acababa de terminar la función y estaba exhausta pero animada. Quería más aplausos.
Una dormía con su novio, otra iba a ver otra obra, otra se juntaba con una amiga y otra esperaba a alguien. Todas bajaron las cabezas, entendieron que el que pone el cuerpo también espera el cuerpo del otro. La vida no es más que una constante de columpios, donde siempre se espera que alguien se siente del otro lado si estamos abajo. Que alguien nos levante. Será por eso que el Diego es tan nuestro. Tanta necesidad de nosotros, no vive más que del reconocimiento, abraza a su hija porque está la cámara.
Exitistas.
Buscar la recompensa del abrazo. El argentino besa.
(La máquina alemana, el cuerpo es solo una masa entretejida de unidades que conforman una tecnología al servicio de. Su victoria fue celebrada, pero nadie lloraba. La Merkell levantó los antebrazos y en su fría lengua habrá pronunciado un medido “¡vamos!”. Rodeada de negros que algún pariente suyo habrá mandado matar pensando que eran menos hombres. ¿Cómo es el teatro alemán? Es un varieté de máscaras hermafroditas que debe romper al medio cada una de las categorías tajantes de la humanidad para poder encontrarse a sí misma. Una identidad de mujeres con sobaco, de hombres con finas remeras violetas. Y no hay posibilidad al collage. Es una suma matemática y exacta de opuestos. Los jugadores autómatas, el director técnico, un puto de catálogo.)
De este lado vivimos en un patchwork interminable. Nuestros negros desteñidos, viajan en primera y vuelven a Fuerte Apache, los rubios quieren bailar cumbia y estudiar, se revuelcan los de arriba con los de abajo en una ensalada de cuerpos. Un teatro de la mezcla, un telón que oculta las uniones pegoteadas. Y la gente quiere verlo, quiere sangre, quiere que se vuelvan a drogar, quiere ver a Fort puto y con minas, quiere que se le caigan los implantes y que diga algo inteligente, que ruede, se tire un pedo y vuelva a la fábrica.
Fanfarria descontrolada, juego de colores, lenguas, vestimentas, cabellos que se oponen siempre a la espera de que otro los acompañe a cenar. El fútbol, el teatro, los medios.
Y, sin embargo, se escuchó una sola risa.
Perdida entre la seriedad de millones atentos a la pantalla. Nerviosos, desconfiados y alertas.
La risa estentórea, interminable, quiso explicarse.
“¡En la cara! ¿Lo vieron? ¡Cómo le pegó el pelotazo directo al rubio! Todos los jetones esos que parecen un paredón y el tipo le pegó el pelotazo directo a la trucha. ¡Me muero! Ni siquiera vio el arco. Se la dio justo.
Qué importa que entre en el arco, lo que importa es hacerlos mierda porque siempre nos culean.”

Argentina - Alemania (2)


Está por empezar el partido, Andrea está sentada al lado de Marcos escuchando la extensa previa mientras toman unos mates y comen algunas facturitas. Observan maravillados la imagen en el nuevo LCD a pagar en muchas cuotas y esa imagen nítida que te da tener High Definition.
Andrea se levanta antes de que comience y coloca la bandera argentina en la puerta del lado de afuera para que cuando su vecino Oto abra la puerta vea su bandera, Oto es un señor mayor muy simpático que siempre le da caramelos a los hijos de los vecinos, les hace figuras con globos, pero hoy es rival, ya que es alemán, los hijos han venido a visitarlo y a ver el partido.
El árbitro dio el pitazo inicial, aun los jugadores se están acomodando, recorren la cancha, se pasan la pelota, la tiene uno la tiene el otro, se escucha “GOOL”, Andrea mira a Marcos, Marcos mira a Andrea y mira su nuevo LCD y su HD y aun la pelota la tienen en la mitad del campo argentino, sigue con la pelota y le hacen falta al alemán, patea, cabecea Mueller, gol de Alemania. Marcos le pregunta a Andrea si escucho lo mismo que el, ella asiente se queda mirando la pantalla, se amarga por el resultado y ambos siguen mirando la pantalla.
Termina el primer tiempo 1 a 0 a favor de Alemania, se levantan para estirar las piernas, hacer algo para no estar tan nerviosos, conversan sobre lo sucedido, comen facturas, vuelven a sentarse.
Andrea abre la puerta del departamento mira hacia el departamento de Oto le hace cuernitos a la bandera alemana colgada en la puerta de su departamento y vuelve a entrar.
Comienza el segundo tiempo, sigue dominando el equipo alemán, se escuchan risas del departamento de enfrente, Marcos comienza alterarse y Andrea lo acaricia para tranquilizarlo, el se levanta al ver que cada ataque argentino es neutralizado por Alemania, va de nuevo el argentino en la puerta del área, cuando se escucha fuerte “GOOOOL”, Andrea sonríe supone gol de argentina ya que iba atacando, Marcos empieza a odiar al vecino por anticiparse al gol, cuando mira a la pantalla nuevamente, el argentino pierde la pelota en campo alemán, raudamente corre por campo argentino, pasa la pelota, gol de Alemania, Marcos tira el mate que tenía en la mano, mira a Andrea sin entender, - como puede ser que Klose pateara tan libremente? - le dice, ella mira a Marcos - como puede ser que lo griten primero? – le dice indignada.
Andrea levanta el mate, mientras limpia, Marcos se vuelve a sentar y sigue mirando el partido, ella ya no puede con sus nervios y se sienta en el sillón y enciende la notebook, se conecta a twitter y comienza a leer los comentarios y a postear sus comentarios.
@Andrea: la puta madre como podemos estar perdiendo
@Andrea: a mi marido le va a dar algo
Marcos la mira y no entiende como puede estar haciendo otra cosa y no ver el partido, los nervios lo carcomen mira la pantalla y ve que los argentinos pierden rápidamente la pelota cuando se escucha “GOOOL”, Marcos se está volviendo loco, agarra un repasador y lo tira a la pantalla, mira a Andrea que está escribiendo.
@Andrea: seguro que es gol de Alemania.
El relator grita suavemente el gol de Friedrich el tercero de Alemania, y Marcos se vuelve a sentar resignado con lágrimas en los ojos.
@Andrea: malditos vecinos que gritan el gol antes que lo hagan acaso son adivinos??????
Mientras su marido sufre el partido ella lee los comentarios de los seguidores y los no seguidores en twitter.
@elvagoargentino: lo que pasa es que el HD tiene delay
@jotajotaalvarez: el HD será muy lindo pero tiene un “diley” de 4 segundos con el normal
@Andrea: Que mal me griten los goles antes maldito alemán del orto
Andrea le cuenta lo leído a Marcos y este no le cree, grita como loco – Alemán puto te llegó con delay mi puteada?
Falta poco para que termine el partido, Alemania no deja de atacar cuando se escucha “GOOOOOL” Marcos toma el control remoto y lo revolea contra el televisor, Andrea levanta la vista de la computadora y ve como el control se abre y se desarma, mientras escribe
@Andrea: Mi marido enloqueció, otro gol de Alemania y aun no paso por la tele
@esteban_perez: che no puede ser quedamos afuera por paliza.
Marcos se sienta a llorar desconsolado, Andrea le acaricia el pelo.
- Amor estaba en las posibilidades, es un buen equipo – le dice con voz suave
- Mn no no puede ser, no puede ser – balbucea entre llantos
- Marcos no te podes poner así, es solo un partido, eran mejores – indica con serenidad.
- Que decis? El no puede ser es que pague una fortuna en un LCD, con HD para que me griten los goles 5 segundos antes de que lo vea – dice gritándole

Argentina - Alemania (1)


Cuando llegué a lo de los González tres años atrás encontré en ellos una familia y en su hogar, mi lugar.
Hasta conocerlo a Pedro, yo vagaba por las calles sin rumbo, dormía donde podía y comía lo que encontraba.
Venía huyendo de una convivencia traumática. Él nunca regresaba hasta muy tarde en la noche y promediando la cena llegaba la agresión.
Un día me cansé de sus escobazos, tomé coraje y lo abandoné.
Si aquel día hubiera podido hablar le hubiera dicho:
– Metete esa maldita escoba entre las nalgas infeliz! A mi no me tocás más un pelo, adiós- seguido de un buen portazo de esos bien ruidosos.
Me hubiera muerto por verle la cara mientras me escuchaba atónito, ja!
Claro que eso no fue posible y cerrar la puerta tampoco. Simplemente huí.
Termine viviendo en la calle y conocí otra realidad, me curtí.
Esa etapa llena de riegos y desarraigos duró tres meses hasta que una noche lo conocí a Pedro. Él se aproximó a mí, yo me fui dejando, entramos en confianza y a los pocos minutos me llevó a su casa. Allí conocí a Clara, su mujer.
Pasaron los días y decidí quedarme a vivir con ellos, me conquistaron con cariño y me sedujeron con manjares.
Tuvimos una convivencia maravillosa y fueron tres años de felicidad.
Pedro y Clara disfrutaban de su intimidad mientras yo me paseaba libremente por la casa haciendo míos los rincones que me apetecían, rara vez venían multitudes.
Pero todo cambió este último mes con las continuas visitas de los García.
Ayer debe haber sido la quinta en tres semanas.
Llegan eufóricos y ruidosos, irrumpen en el living sin importarles mi horario de siesta y encima ocupan mi lugar en el sofá. Viene ella, viene él, vienen sus tres niños y viene su perro Adolfo!
Cuando ellos entran yo automáticamente me voy al jardín y no vuelvo a entrar hasta que se van, no me los banco.
El otro día estaba tranquila limándome las uñas en la paz del jardín cuando escuché la puerta de la cocina. Me entusiasmé por un instante porque pensé que sería Pedro que me traía algo de comida.
Error. Era Adolfo.
El macho necesitaba seguir marcando territorio. No se conformaba con mi living, ahora también venía por mi jardín.
Yo observaba agazapada e indignada detrás del gran roble como este peludo babeaba y olfateaba todo lo que estuviera a su alcance hasta finalmente detenerse frente al rosal.
Con total impunidad levantó su pata derecha, se reclinó levemente sobre su izquierda y orinó copiosamente.
En ese preciso instante Clara se asomó por la ventana.
Su cara hablaba por si sola, expresaba desesperación. No era para menos, el rosal era su planta preferida.
Yo ya me empezaba a regocijar con el reto que se venía cuando, para mi asombro, la escuché decir: “Adolfito, vení ! No te vayas que apenas saliste nos hicieron un gol”.
Perro suertudo, evidentemente no lo vio meando.
Sinceramente, me ganó la modorra. Hubiera buscado una manera de mandarlo al frente de no haber sido por el sol invernal que me invitaba a dormir una linda siesta.
Esta vez te salvaste Adolfito. Ustedes los perros se jactan de ser los más fieles pero yo te demostré que nosotros también podemos serlo. No abrí la boca, no dije ni miau.

jueves, 1 de julio de 2010

Argentina - México (5)


Sábado por la noche, llueve copiosamente según el servicio meteorológico, pero él ni enterado, acostado en la cama del hospital todos los días son iguales, no se puede dormir, hace zapping mira los canales deportivos y apaga.
Domingo por la mañana, mientras espera a sus médicos que realicen la ronda, sus padres vienen a visitarlo a darle ánimos, y le traen una bandera argentina bastante larga, cubría toda la cama, también un gorro gigante con los colores celeste y blanco y una banderita para agitar. Le ayudan a vestirse y se recuesta en la cama tapándose con la bandera, esa era su cábala para ver el partido de Argentina contra México imitando su habitación.
Golpean a la puerta y la fila de doctores entran de a uno y saludan, lo revisan, anotan los valores de la presión, la temperatura y le comentan lo que le harán en un par de horas, le dicen que será una operación simple que en un par de horas sale y el post operatorio es rápido. El mira a su padre y le hace un guiño, entonces interviene diciéndole al médico si la hora de la operación la pueden correr para después del partido, los médicos se miran, se ríen y le dicen que bueno, lo consultarán con el cirujano y en breve le comunicarían la respuesta. Al cabo de un rato la enfermera entra a la habitación y les comenta que no habría ningún tipo de problemas, que ni bien termina el partido lo llevaran al quirófano.
Domingo por la tarde, hora del partido, cada uno toma su posición en la habitación, como si estuvieran en su casa, él se tapa con la bandera y se coloca la banderita para agitar en cada tiro al arco, su madre a su derecha sosteniéndole la mano y su padre cerca de los pies de la cama, el único recaudo es que no pueden gritar ni subir el volumen pero todo lo demás es llevadero.
Cantan los himnos, la emoción que le embarga es increíble, sus ojos se llenan de lágrimas, piensa en que lo pueden ver y se seca rápidamente, su mente vuela, siente miedo por lo que vendrá una mezcla de sentimientos, que Argentina pase de fase y que salga bien la operación, vuelve a concentrarse en el partido, al rato, Gooooool de Argentina, discuten si es posición adelantada o no pero festejaron y se abrazaron, sigue el partido y de nuevo Gooool de Argentina, esta vez fue un gol lícito y volvieron a festejar, el partido era de ida y vuelta y ya empezaba a tornarse nervioso sus manos transpiraban, terminó el primer tiempo, respiran se miran y sonríen. Se levantan los padres para estirar las piernas caminan por la habitación mientras él va al baño, se mira al espejo, su cara denota un poco de cansancio, el no dormir, el pensar en la operación, en el partido estaban marcada en su mirada, se lava la cara y lentamente se va secando y vuelve a la cama, a retomar cada uno sus lugares en breve comenzaría la segunda etapa.
Unos minutos jugaron y luego otra vez se abrazan, un golazo terrible desata la alegría en la habitación, no habían pasado unos minutos la fila de médicos vuelve a entrar junto con la enfermera y le sacan sangre mientras miran el partido sin inmutarse, y se vuelven a ir, pero uno de los médicos se sienta a los pies de la cama, le cuenta mientras esta el partido que ya dentro de poco lo llevaran al quirófano que vaya preparándose, pero no escuchaba nadie, el médico se levanta y al rato hacen un gol los mexicanos, un silencio recorrió la habitación todos se miran y lo miran al médico se dan cuenta que la cábala ha sido rota, se dieron cuenta que cuando se quedo en la habitación el equipo mexicano hizo un gol y comenzó a jugar mejor, el padre muy educadamente lo invitó a retirarse mientras lo empujaba suavemente le cierra la puerta, y vuelve a sentarse. Terminó el partido, la alegría en sus rostros marcaba los pasos a cuartos de final, pero de pronto su rostro se torno preocupado, sabía que lo vendrían a buscar que la puerta se abriría y daría paso al enfermero que lo llevaría hasta el quirófano.
El enfermero trajo la silla de ruedas y se envuelve con la bandera, lo sientan y cruza todo el pasillo llegan al quirófano, le sacan la bandera y se la ponen a un costado y le susurran que se quede tranquilo, lo llevan a un cuartito donde está el anestesista su cara no es muy agradable, el médico lo viene a visitar para contarle de que trataría la intervención y de pronto su rostro se desfigura, le dice que repita más lento lo que dice, mientras amaga con levantarse e irse y el médico le repite lentamente “Óigame cuate, hagamos esto rápidamente que hoy no tuve un buen día”, lo acuestan en la camilla y le grita “sos mexicano?, sos mexicano?” y entre refunfuños el anestesista lo sostiene, le coloca la máscara, entrecierra los ojos y empieza a ver al médico con la camiseta verde de México y al anestesista también, lo miran raro y oye que le dicen “la neta, el primero fue un claro offside, babosos ladrones” y el cuchillo que bajaba cerca de su yugular.
Se despierta sobresaltado, su cuerpo estaba cubierto por la bandera argentina, estaba algo mareado, el cirujano sonreía, él pensaba que estaba muerto, que estaba en el cielo, se toca para ver si es cierto, el cirujano lo saluda y dice algo que no logra entender bajo los efectos aun de la anestesia, el enfermero lo lleva a la habitación, se sigue despertando, pregunta si estaba vivo, pregunta si fue un sueño, pregunta “pero gano argentina no?”.

Argentina - México (4)


Desde que empezó el mundial a mi marido le dio por el sexo anal.
Pedro es como el revuelto gramajo, tiene solo tres ingredientes:
un poco de superstición, algunas cábalas y una pizca de estupidez.
Es enfermo del fútbol, como tantos otros, pero pierde por completo la cabeza como pocos por Diego Maradona.
Su fanatismo lo llevó a fundar en 1998 la Iglesia Maradoniana junto con dos amigos.
Reunieron cientos de boludos en pocos meses. Todo sin fines de lucro, todo por amor y devoción al Diego.
Si por lo menos hubieran cobrado algunos pesos por cada fiel que se incorporaba al credo hoy no estaríamos viendo el Mundial en un televisor de tubo.
Pedro: “El Diego no se mancha, con el Diego no se lucra”.
Viví tres años de locura Maradoniana. En el año 2000 cuando Diego sufrió un ataque cardíaco Pedro y sus fieles se apostaron en la puerta de la clínica hasta que lo trasladaron a Cuba. La Iglesia creció, sumó mandamientos, estampitas, oraciones, días festivos y sacrificios.
Mi proyecto de familia se veía truncado y mis sueños se transformaban en pesadillas.
Era noviembre de 2001 cuando tuvimos una discusión fuertísima que me llevó a pedirle el divorcio.
Los motivos no eran menores. Pedro se había gastado nuestros ahorros, había tomado todos y cada uno de los billetes que entre ambos reservábamos con tanto sacrificio para nuestras vacaciones. Lo hizo sin consultarme y a escondidas. Me sentí traicionada, mi marido se había convertido en un auténtico desconocido.
Yo:”En qué los gastaste infeliz? Cobarde, decime la verdad!”.
Fui dura pero necesité serlo y confesó. Me enteré como mis diez días en Santa Clara del Mar se desvanecieron ante un ticket. Uno solo.
Era para el partido homenaje que se le hizo a Maradona en la Bombonera.
Realmente me hubiera divorciado de no ser por lo ocurrido un mes más tarde, diciembre de 2001.
Entre los cacerolazos de las señoras paquetas, los saqueos de los oportunistas, la renuncia de De la Rúa, el corralito financiero y el fin de la convertibilidad, no resultaba conveniente iniciar un tramite de divorcio.
Nos íbamos a quedar sin un peso, sin un techo y sin la tele. La realidad es que nuestros ahorros ya no existían y no había vuelta atrás.
Opté por lo mejor y le dí una segunda oportunidad con condiciones.
Yo: “Abandoná la Iglesia Maradoniana. Si algún día Diego llega a ser DT de la selección y clasificamos para el Mundial, yo te prometo que te banco a muerte mientras Argentina siga en juego. Soporto lo que sea: cábalas, ritos, todo…pero hasta ese día vivamos en paz”.
Pedro: “Pero me bancás todo, todo, todo?”
Si, fuimos por última vez a la Iglesia y ante D10S repetí mi promesa. Me banco todo.
Nuestra vida cambió radicalmente, yo volví a sonreír y a los meses tuvimos una hija a la que llamamos Nerea Dinora. Mientras tanto Diego seguía haciendo de las suyas: internaciones psiquiátricas, cuadros de hipertensión, de obeso a animador televisivo, más descompensaciones y …DT de la selección. Como me cagó.
Presa de mi promesa y para mi sorpresa, Pedro solo me pidió que le entregue el culo.
Ni cábalas ni oraciones ni locuras. Esperó casi diez años el día que Diego fuera DT solo para eso. Mi marido me sorprende.
“Los mexicanotes la tienen adentro! Les rompimos el culo!”, gritó mi vecino al final del partido.
Como los entiendo ...

Argentina - México (3)


Hace días que vengo pensando en qué escribir. Después de la calidad de los relatos en las jornadas anteriores, tengo a mi imaginación escondida, chiquitita chiquitita como en días de frío... Es que Tito es insuperable. Pero bueno, en un intento por no dejarme caer y pensando en mi pobre orgullo cuando anuncie que no escribí nada, se me ocurrieron algunas ideas geniales. Pero claro, hay que saber escribirlas y yo, si señores, lejos estoy de poder desarrollar una buena idea en el papel.... (este es un tema a profundizar en mis memorias). Al principio pensé en escribir algo como si fuera el Sr. Gol hablando o la Sra. Pelota que tiene a todos los machos detrás pero es más puta y más histérica que las gallinas (y no estoy hablando de los hinchas de River Plate) , el tema es que tenes que tener un poco más de claridad mental para poder escribir algo hablando como si fueras un gol o una pelota o tener algo de merca encima, cosa que sería imposible a estas horas de la mañana...Ah y fundamental, un poco más de orden... (a parte está esta chica que no voy a dar su nombre que siempre elogia el orden en los textos y según el texto esté bien organizado o no, vota....y yo me digo, cagamos dijo Ramos, porque yo el voto de ella no lo obtendré nunca jamás...ni en el texto ni en la vida). Pero bueno, entre la cantidad de ideas pelotudas se me ocurrió escribir un diálogo entre los jueces, ahora que usan esos microfonos onda Michael Jackson, que Dios lo tenga en la gloria. Yo me imagino que los pibes se la pasan hablando de boludeces, les debe chupar un huevo el partido. Los líneas deben joderlo todo el tiempo al referí que esta en la cancha, por la envidia que le deben tener... "che Carlitos, corre más rápido que no llegas"..."carlitos, larga las pastas que te quedas atrás, eh...ya no estás para esos trotes che....te vamo´a poner de juez de cartel" (ese que levanta el cartel de los cambios, el que anda con camperita todo el tiempo). "Carlitos, sacame la roja papá"...etc.
Resulta que parece ser que justo el otro día esto es lo que pasó:
Juez de línea 1: menos mal que me pusieron acá, ayer conocí una morcha que pa que..No me da el cuore.
juez: no me digas! atorrante....
Juez de línea 1: nada, una local, unas caderas, Dios, estas muchachas no hay quien las pare....quería saber cómo es eso de ser juez, les encanta la autoridad, jodidas... ah, usé tu nombre por mi mujer viste...bah, en realidad porque no quería que sepa que soy juez de línea...viste como son las minas.
Juez de línea 2: jajaja, cuánto le pagaste hijo de puta?
Juez: Mi nombre? estas loco? la patrona me mata si se entera...
Juez de línea 2: No te agites que bastante agitado estas ya...no sabías que este es un hijo de puta?
Juez: no quiere ni a la madre, tremendo pedazo de strunzzo.
Juez de línea 1: ehh ! callate y corre! estas gordito...mucha pasta... hace cuánto que no la pones?
Juez: epa, más respeto línea. Te voy a poner la banderita sabes donde... cómo vas a usar mi nombre? La patrona me mata si se entera, cómo le explico? y seguro que la pongo más que vos, mi mujer es una fiera....mirala a la tuya, si supieras las cosas que se dicen en la asosiación.
Juez de línea 1: no te hagas el santito que te vieron comiendo postres con una local a vos...
Juez de línea 2: ejem...coff coff coff
Juez: concentración muchachos que no vaya a pasar como Larrionda...
Juez de línea 1: Qué pasa? ahora te interesa el partido? Larrionada se la come... vaya, que coincidencia.
Juez: y vos también, infeliz, no vas a pasar de ser línea nunca.
Juez de línea 1: epaaa! paren que se viene.... ahi vienen los indios....GOL! (tengo que correr a mitad de cancha, vafangulo, por algo soy línea!
Juez: Línea, te manggiaste un orsai, qué hacemo´ ahora?
Juez de línea 1: cobralo, cobralo!!!!! ya fue....
Juez: pero nos van a matar!
Juez de línea 1: los que nos van a matar son estos indios con cara de asesinos, Mirale la cara a Tevez y a Heinze, te muestra los dientes y cagaste...COBRALO!!!
Juez: que te maten por hijo de puta, cómo vas a usar mi nombre?
Juez de línea 1: Cobralo, después te presento a la morocha!
Juez: está bien, pero anda preparando los brazos que la próxima te ponemos de alza carteles.
Argentina 1, México 0.

Argentina - México (2)


Homenaje a la primera novela de Leo Maslíah, escrita en 1985.

Roque caminaba por el medio de la avenida principal del pueblo y sabía que nada le pasaría. Ni por encima ni en general. Si la frecuencia de los autotransportes públicos de pasajeros ya era espaciada los domingos, uno con partido por octavos de final convertía a la ciudad en fantasmagórica, incluso en el entretiempo. Silbaba una de los Rolling mientras sus pensamientos buscaban el blanco absoluto. En ello, divisó a lo lejos a Úrsula. “¡Qué fuerte está esa hija de puta!”, oyó que gritaba un señor, y lo divisó en una ventana cuando se apretaba las manos con gesto calabrio-napolitano. Su hijo lo miró azorado desde el salón comedor. Le picaba la rodilla de unas frutillitas que se había hecho jugando al básquet en el patio de la secundaria y, al agacharse bruscamente para sacudirse, se golpeó la mano contra una silla. Profirió unos insultos típicos en tanto agitaba la muñeca, suponiendo que así pasaría más rápidamente el malestar. Escuchó que un mensaje de texto había llegado y abrió, con dificultad por la contusión, el modelo con tapa. “Me estoy echando un garco de novela, ¿te muestro?”, le escribió su coprofágica novia. Sin tiempo a responderle, llegó la foto con los sub-productos. María se enorgullecía de que tan escuálido cuerpo generara esas expresiones, a ojos vista, artísticas. “¿Nena, a qué le sacás fotos?”, escuchó a su madre gritar desde el otro lado de la puerta. “¡Esta juventud de mierda! ¿Podés creerlo, Jacinta?”, y volvió al patio con su amiga, que se estaba ocupando de cambiar la yerba para la enésima ronda de mates con hojas de ayahuasca traídas del viaje realizado al Machu Picchu el año anterior.
Jacinta asintió. Los adolescentes se estaban yendo al carajo. En Perú se enteró que era una moda salir con retardados. La novedad atravesaba todas las clases sociales pero anclaba más en las mujeres. Cuando Jacinta quiso saber las razones por las cuales las jóvenes incas los preferían lerdos, todas las respuestas obtenidas versaban sobre la misma idea: “Son igual de estúpidos, pero con menos matices. Es más fácil”. Terminó de cargarle el agua a su mate y lo sorbió con fruición. “No te ofrezco porque tenés la vejiga llena; fijate si tu hija desocupó el baño o se sigue frotando con el escobillón. Igual que vos cuando no te pateabas los pezones, ¿eh?”, le dijo a su anfitriona.
María ya había salido y, en su habitación, buscó la última página del libro contable que le había robado a su tío. En el “Haber”, escribió “Textura: excelente. Color: parejo. Aroma penetrante (1/10): 9. Lectura de borra: un strudel”. Cerró el mamotreto y lo colocó entre Confesiones de un opiómano inglés y Los oráculos paganos, de Thomas de Quincey. Pasó sus ojos por un libro de Quevedo y recordó esos versos: “Si un día algún pedo toca tu puerta / no se la cierres, déjala abierta / deja que sople, deja que gire / a ver si hay alguien que lo respire”.
“¡Nena, sigue!”, gritó su madre y junto a Jacinta caminaban hacia la habitación de estar. María respondió que ya bajaba y le envió un nuevo mensaje a su amado: “Esta noche te la mastico”. El muchacho leyó, se alborozó y acomodó sus colgantes tratando de que su padre no lo notase. “Ah, la puta de tu novia calentándote otra vez. Bien, pelotudo, bien. Esta noche te podés llevar el auto. A ver, dame, ¿qué te escribió la sopla-flauta?”. Los rivales ya estaban dispuestos y el árbitro iba a dar la orden, cuando se pusieron a luchar por el teléfono. “Pero soltá, gil”. El hijo no quería que viera la foto de las deposiciones y, a pesar del escozor ocasionado por su muñeca, no cedía. En el fragor de la contienda, el Motorola salió despedido por la ventana.
Úrsula Floreal Menéndez lo vio volar pero Cacho, concentrado en la radio, sólo escuchó el pitido que marcaba el comienzo del segundo período. Ilusionado por el auspicioso resultado, se asustó sobremanera cuando esa cosa negra impactó sobre el parabrisas; pegó un volantazo y el colectivo se lo llevó puesto a Roque, quien terminaba de silbar “I can’t get no (Satisfaction)”.