
Desde que empezó el mundial a mi marido le dio por el sexo anal.
Pedro es como el revuelto gramajo, tiene solo tres ingredientes:
un poco de superstición, algunas cábalas y una pizca de estupidez.
Es enfermo del fútbol, como tantos otros, pero pierde por completo la cabeza como pocos por Diego Maradona.
Su fanatismo lo llevó a fundar en 1998 la Iglesia Maradoniana junto con dos amigos.
Reunieron cientos de boludos en pocos meses. Todo sin fines de lucro, todo por amor y devoción al Diego.
Si por lo menos hubieran cobrado algunos pesos por cada fiel que se incorporaba al credo hoy no estaríamos viendo el Mundial en un televisor de tubo.
Pedro: “El Diego no se mancha, con el Diego no se lucra”.
Viví tres años de locura Maradoniana. En el año 2000 cuando Diego sufrió un ataque cardíaco Pedro y sus fieles se apostaron en la puerta de la clínica hasta que lo trasladaron a Cuba. La Iglesia creció, sumó mandamientos, estampitas, oraciones, días festivos y sacrificios.
Mi proyecto de familia se veía truncado y mis sueños se transformaban en pesadillas.
Era noviembre de 2001 cuando tuvimos una discusión fuertísima que me llevó a pedirle el divorcio.
Los motivos no eran menores. Pedro se había gastado nuestros ahorros, había tomado todos y cada uno de los billetes que entre ambos reservábamos con tanto sacrificio para nuestras vacaciones. Lo hizo sin consultarme y a escondidas. Me sentí traicionada, mi marido se había convertido en un auténtico desconocido.
Yo:”En qué los gastaste infeliz? Cobarde, decime la verdad!”.
Fui dura pero necesité serlo y confesó. Me enteré como mis diez días en Santa Clara del Mar se desvanecieron ante un ticket. Uno solo.
Era para el partido homenaje que se le hizo a Maradona en la Bombonera.
Realmente me hubiera divorciado de no ser por lo ocurrido un mes más tarde, diciembre de 2001.
Entre los cacerolazos de las señoras paquetas, los saqueos de los oportunistas, la renuncia de De la Rúa, el corralito financiero y el fin de la convertibilidad, no resultaba conveniente iniciar un tramite de divorcio.
Nos íbamos a quedar sin un peso, sin un techo y sin la tele. La realidad es que nuestros ahorros ya no existían y no había vuelta atrás.
Opté por lo mejor y le dí una segunda oportunidad con condiciones.
Yo: “Abandoná la Iglesia Maradoniana. Si algún día Diego llega a ser DT de la selección y clasificamos para el Mundial, yo te prometo que te banco a muerte mientras Argentina siga en juego. Soporto lo que sea: cábalas, ritos, todo…pero hasta ese día vivamos en paz”.
Pedro: “Pero me bancás todo, todo, todo?”
Si, fuimos por última vez a la Iglesia y ante D10S repetí mi promesa. Me banco todo.
Nuestra vida cambió radicalmente, yo volví a sonreír y a los meses tuvimos una hija a la que llamamos Nerea Dinora. Mientras tanto Diego seguía haciendo de las suyas: internaciones psiquiátricas, cuadros de hipertensión, de obeso a animador televisivo, más descompensaciones y …DT de la selección. Como me cagó.
Presa de mi promesa y para mi sorpresa, Pedro solo me pidió que le entregue el culo.
Ni cábalas ni oraciones ni locuras. Esperó casi diez años el día que Diego fuera DT solo para eso. Mi marido me sorprende.
“Los mexicanotes la tienen adentro! Les rompimos el culo!”, gritó mi vecino al final del partido.
Como los entiendo ...
XD XD XD en cuanto termine de reir prometo hacer un comentario más constructivo...;)
ResponderEliminar