
Masticando bronca iba Roberto por la calle Reconquista, tenía que ir al dentista justo en ese horario, justo en el horario en que el partido de semifinales estaba por comenzar.
Roberto nació en Rocha un departamento de la Republica Oriental del Uruguay hace muchos años, no tantos como para ver a su celeste campeón.
Dobló por Corrientes y paró un taxi, le indicó el camino y le preguntó si podía poner la radio para escuchar la previa, el taxista accedió, comiéndose las uñas llegó a destino, pagó y bajó.
Caminó rápido hasta el dentista, se anunció y se sentó en la sala de espera, miró su reloj y el partido estaba por empezar, su Uruguay querido estaba por disputar la semifinal y el no podía verlo. Se levantó como un resorte y con su sonrisa número 45 le hizo caras a la recepcionista para que saque el programa del japonés que hace sushi en el canal Gourmet y ponga Telefe para ver a Uruguay, la recepcionista hipnotizada cambió de canal y se escuchó el comentario de Niembro sobre la cantidad de películas filmadas en Africa en el periodo estival de las morsas lesothanas.
Se sentó a mirar el partido, los nervios lo carcomían, se fueron acercando más pacientes mientras esperaban a ser llamados y al rato se escuchó por el parlante “Schiavone, consultorio 4” justo en un tiro libre para Uruguay. Se quedó mirando hasta que lo clavó en la tribuna, cabizbajo fue hasta el consultorio 4 y entró.
El dentista le indicó que se sentara y cuando levantó la vista vio encendido el televisor en el partido, se acomodó y esperó a que lo atendiera. Abrió la boca sin dejar de relojear el televisor, torno va, pinza viene, algodón, enjuague, que no cierre la boca, en eso vino el gol de Holanda.
Siguió con la boca abierta mientras el dentista buscaba sus elementos, le colocó un gancho que no le permitió cerrar la boca, el tipo se le paró delante del televisor cuando Forlán clavó un golazo. Se levantó en un instante, tiró la bandeja y se incrustó el gancho de la boca en el paladar pero nadie le sacó la alegría que tuvo al gritar el gol del empate.
El tipo tuvo que ordenar todo lo que tiró Roberto emocionado, tenía el segundo tiempo para soñar.
Comenzó el segundo tiempo y Roberto siguió con la boca abierta, en medio del tratamiento el dentista le aplicó una anestesia, mientras esperó a que hiciera efecto, vino el segundo gol de Holanda. La cara de dolor, y no por el pinchazo era increíble. Todavía no se repuso del gol que vino el tercero, ya resignado con lágrimas en los ojos se encomendó a la garra charrúa.
Cuando el dentista terminó, el partido aún no había terminado se fue apurado hasta la recepción para ver los últimos minutos, seguía con dolor en la boca pero gritó el segundo gol uruguayo abrazándose con la secretaria, alentó gritando mientras los demás pacientes se rieron por el espectáculo de Roberto, estuvieron a minutos de la hazaña, pero el árbitro Irmatov dio por finalizado el encuentro, su Uruguay amado quedó en semifinales, otros cuatro años para soñar con un mundial.
Salió del consultorio llorando, se tomó un taxi y llegó a su departamento, se encontró con el encargado del edificio que lo felicitó y se le infló el pecho. Y cuando entró al edificio y dejó atrás al portero le dijo en voz baja “Para vos argento, tomá”.
Muy buenas las imagenes para los relatos, impecable Janin, siga asi
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