jueves, 1 de julio de 2010

Argentina - México (2)


Homenaje a la primera novela de Leo Maslíah, escrita en 1985.

Roque caminaba por el medio de la avenida principal del pueblo y sabía que nada le pasaría. Ni por encima ni en general. Si la frecuencia de los autotransportes públicos de pasajeros ya era espaciada los domingos, uno con partido por octavos de final convertía a la ciudad en fantasmagórica, incluso en el entretiempo. Silbaba una de los Rolling mientras sus pensamientos buscaban el blanco absoluto. En ello, divisó a lo lejos a Úrsula. “¡Qué fuerte está esa hija de puta!”, oyó que gritaba un señor, y lo divisó en una ventana cuando se apretaba las manos con gesto calabrio-napolitano. Su hijo lo miró azorado desde el salón comedor. Le picaba la rodilla de unas frutillitas que se había hecho jugando al básquet en el patio de la secundaria y, al agacharse bruscamente para sacudirse, se golpeó la mano contra una silla. Profirió unos insultos típicos en tanto agitaba la muñeca, suponiendo que así pasaría más rápidamente el malestar. Escuchó que un mensaje de texto había llegado y abrió, con dificultad por la contusión, el modelo con tapa. “Me estoy echando un garco de novela, ¿te muestro?”, le escribió su coprofágica novia. Sin tiempo a responderle, llegó la foto con los sub-productos. María se enorgullecía de que tan escuálido cuerpo generara esas expresiones, a ojos vista, artísticas. “¿Nena, a qué le sacás fotos?”, escuchó a su madre gritar desde el otro lado de la puerta. “¡Esta juventud de mierda! ¿Podés creerlo, Jacinta?”, y volvió al patio con su amiga, que se estaba ocupando de cambiar la yerba para la enésima ronda de mates con hojas de ayahuasca traídas del viaje realizado al Machu Picchu el año anterior.
Jacinta asintió. Los adolescentes se estaban yendo al carajo. En Perú se enteró que era una moda salir con retardados. La novedad atravesaba todas las clases sociales pero anclaba más en las mujeres. Cuando Jacinta quiso saber las razones por las cuales las jóvenes incas los preferían lerdos, todas las respuestas obtenidas versaban sobre la misma idea: “Son igual de estúpidos, pero con menos matices. Es más fácil”. Terminó de cargarle el agua a su mate y lo sorbió con fruición. “No te ofrezco porque tenés la vejiga llena; fijate si tu hija desocupó el baño o se sigue frotando con el escobillón. Igual que vos cuando no te pateabas los pezones, ¿eh?”, le dijo a su anfitriona.
María ya había salido y, en su habitación, buscó la última página del libro contable que le había robado a su tío. En el “Haber”, escribió “Textura: excelente. Color: parejo. Aroma penetrante (1/10): 9. Lectura de borra: un strudel”. Cerró el mamotreto y lo colocó entre Confesiones de un opiómano inglés y Los oráculos paganos, de Thomas de Quincey. Pasó sus ojos por un libro de Quevedo y recordó esos versos: “Si un día algún pedo toca tu puerta / no se la cierres, déjala abierta / deja que sople, deja que gire / a ver si hay alguien que lo respire”.
“¡Nena, sigue!”, gritó su madre y junto a Jacinta caminaban hacia la habitación de estar. María respondió que ya bajaba y le envió un nuevo mensaje a su amado: “Esta noche te la mastico”. El muchacho leyó, se alborozó y acomodó sus colgantes tratando de que su padre no lo notase. “Ah, la puta de tu novia calentándote otra vez. Bien, pelotudo, bien. Esta noche te podés llevar el auto. A ver, dame, ¿qué te escribió la sopla-flauta?”. Los rivales ya estaban dispuestos y el árbitro iba a dar la orden, cuando se pusieron a luchar por el teléfono. “Pero soltá, gil”. El hijo no quería que viera la foto de las deposiciones y, a pesar del escozor ocasionado por su muñeca, no cedía. En el fragor de la contienda, el Motorola salió despedido por la ventana.
Úrsula Floreal Menéndez lo vio volar pero Cacho, concentrado en la radio, sólo escuchó el pitido que marcaba el comienzo del segundo período. Ilusionado por el auspicioso resultado, se asustó sobremanera cuando esa cosa negra impactó sobre el parabrisas; pegó un volantazo y el colectivo se lo llevó puesto a Roque, quien terminaba de silbar “I can’t get no (Satisfaction)”.

1 comentario:

  1. Bueno... al menos esperemos que la batería saliera disparada en el golpe... escatológicamente bueno ;)

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